May
17

Ser instrumentos de unidad

“No ruego sólo por éstos, sino por los que han de creer en mí por su palabra: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí”. Cosas muy importantes depende de la unidad: Será motivo de credibilidad en Cristo y de Dios nos ama. Por tanto, no es una cosa más. Pueden faltarnos medios y recursos materiales para la evangelización, porque ellos solos no harán creer a los hombres en Cristo ¡Es la unidad el instrumento para que crean! Pero no se trata de algo meramente formal: no es la “convivencia pacífica”, el trato educado,… Es mucho más. Porque esta unidad es un misterio de comunión de los hombres en Dios, Uno y Trino.

“¿Qué significa todo esto en concreto? – se preguntaba San Juan Pablo II en Novo Milenio 43 – También aquí la reflexión podría hacerse enseguida operativa, pero sería equivocado dejarse llevar por este primer impulso. Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades. Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”.

Es don de Dios, fruto de la oración de Cristo, que pide al Padre: “guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros”, “que sean uno como nosotros somos uno.  Yo en ellos y Tú en mí”. Don que debemos pedir y disponernos a acogerlo.

Pidamos a nuestra Madre que nos lleve a saber fomentar esa “espiritualidad de la comunión”.