La enfermedad, desde la Fe, una escuela de humanización

Escrito por  Mons. José Luis Chávez Botello

 

En diferentes etapas de la vida todos experimentamos personalmente o en personas cercanas la enfermedad o el sufrimiento; constatamos que un enfermo en la familia desequilibra la estabilidad anímica y causa además un impacto económico que para muchos es difícil o imposible de sobrellevar. Las enfermedades casi siempre nos toman de sorpresa especialmente cuando ponen la vida en peligro, sin embargo, muchas enfermedades podrían evitarse si revisamos nuestro estilo de vida y de alimentación cultivando la prevención; la ignorancia y la poca prevención de enfermedades hace más vulnerable a las personas sobre todo a los sectores más desprotegidos. En Oaxaca padecemos enfermedades que se pueden prevenir y son ya un problema grave de salud como el alcoholismo, la drogadicción y la obesidad que van en aumento entre jóvenes y niños; el cáncer puede evitarse si se detecta y se trata a tiempo.

Con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, es importante acercarnos a los enfermos desde la fe para comprender que como seres materiales nos desgastamos, que Dios quiere siempre nuestro bien y salvación, que por la enfermedad y sufrimiento participamos más de cerca en la Pasión de Cristo y, desde allí, podemos hacer mayor bien. La enfermedad y los enfermos nos dan la oportunidad de reflexionar y de valorar más la vida hasta darle un giro con una manera de vivir más útil y responsable; muchos enfermos ya lo lograron. No es difícil constatar cómo algunos enfermos mueven a la reflexión y a sacar lo bueno que hay en toda persona: consuelo, apoyo, solidaridad y amor; a veces un niño con limitación o enfermedad crónica se convierte en el lazo que une al matrimonio y en el motor que impulsa y da nuevo sentido a lo que se hace. Así, los enfermos graves o crónicos nos humanizan.

Las siguientes palabras están escritas en una placa en la sala de espera del Instituto de Medicina Física y Rehabilitación de la ciudad de Nueva York; se atribuyen a un soldado desconocido que quedó imposibilitado para toda su vida:

*“A Dios le pedí fuerza para poder alcanzar mis objetivos; fui hecho débil para aprender humildemente a obedecer.

*Pedí salud para poder hacer cosas grandiosas; se me dio enfermedad para hacer cosas mejores.

*Pedí riquezas para poder ser feliz; se me dio pobreza para ser sabio.

*Pedí poderío para poder ser alabado por los hombres; se me dio debilidad para sentir la necesidad de Dios.

*Pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida; se me dio vida para disfrutar todas las cosas.

*No se me di lo que pedí, pero sí todo lo que había esperado. Casi a pesar de mí mismo, fueron atendidas todas las plegarias que nunca pronuncié. Por eso, entre todas las personas, ¡soy el más bendecido!”.