Homenaje a la vida… pero en vida

 

           Resulta bastante habitual realizar homenajes a la gente querida, apreciada, famosa, o que destaca en ciertos ámbitos, carismas o dones, una vez que ya nos ha abandonado en vida.

            Hoy, no quiero dejar pasar más el tiempo, y caer en la torpeza de no decir a la gente que aprecio lo que siento por ellos, y tener después que llorar su ausencia o el no haber sido capaz de decir lo que sentía por ellos. Especialmente, no quiero rendirme ante esta oportunidad que me facilita la Vida, más cuando esta situación se endurece entre duros momentos debido a la enfermedad de los más allegados.

            Aprovecho este espacio que me brindáis los amigos hospitalarios de Ah!, porque espero hacer de este homenaje a la Vida y la Amistad, también un llamamiento a la Esperanza por la Vida que luego espero comprendáis.

 

En el momento presente que vivo, otro “palo” me asombra. La enfermedad me rodea en amigos y familiares. ¡Resulta tan difícil poner Esperanza! La vivencia continua con la enfermedad apaga las Luces y me pone en cuestionamiento. La vida se resbala.

Me gustaría compartir con vosotros el testimonio de un amigo, ejemplo de cómo afrontar la vivencia de la enfermedad, y como ella, la enfermedad, no sólo cuestiona a la persona que la padece, sino también a aquellos que acompañamos. Es un Esperanza a vivir en medio de tanto dolor y sufrimiento.

 

            Mi Amigo se llama Pere y padece una enfermedad que actualmente tiene diagnosticada, de forma general, una esperanza de vida muy pequeña desde el nacimiento. Él es un caso un tanto atípico, pues a su edad (tiene unos 30 años) sigue tomándose su tratamiento médico para poder seguir viviendo biológicamente. No resulta nada fácil su vida cotidiana: alerta constante en su dieta, diversos medicamentos y tratamientos diarios, revisiones periódicas, control de su actividad física,… En fin, que el tema médico le requiere mucho esfuerzo y sacrificio. Pero yo pienso que no es sólo la medicación lo que le hace seguir adelante, y haciendo que su corazón no deje de latir. Son sus ganas de vivir la vida, de compartir con la gente que le rodea, el ilusionarse por crear una familia (que tanto esfuerzo le ha costado), su respeto y compromiso con el medio ambiente, sus incansables iniciativas por no perder la amistad a pesar de la distancia física de muchos de sus amigos. La facilidad de expresión de sentimientos que vienen del corazón a través de la pintura y la fotografía, su romanticismo y su gran capacidad de empatizar con las situaciones difíciles y alegres de los demás, y un sinfín de pequeños detalles que lo hacen grande, cada vez más grande.

            ¿Sabéis cual es una de las conclusiones a las que llego? Que vale la pena vivir, que vale la pena arriesgarse y cansarse por conseguir reunirse con un amigo un momento breve, y ese momento tan poco valorado normalmente, cobra mucho más valor de lo que se puede pagar con el dinero. Muchas son las dificultades que la vida nos ofrece, este Amigo las “sufre” todos los días, pero él me enseña una capacidad para transformar esa realidad dolorosa en un instrumento para seguir viviendo, haciendo un homenaje a la vida, a las ganas de vivir.

 

            Amigo o amiga lector/a., me gustaría que intentases hacerte un homenaje a ti mismo, al valor de la vida que tienes por vivir. Revisa tu vida, posiblemente habrás dejado de valorar muchos momentos y sentimientos que puedes añorar ahora. Tu situación personal puede que sea complicada y compleja, tal vez tu vida, no es como la de Pere, pero seguro que encuentras semejanzas. Cada día luchas por seguir adelante, por superar tus problemas.

Intentemos ver las cosas en positivo, no como limitaciones o barreras que se nos ponen en el camino, sino como nuevas oportunidades y esperanzas que se abren para seguir creciendo, viviendo.

 

Juanjo Miragall (Valencia)