BAUTISMO DEL SEÑOR (2013)
BAUTISMO DEL SEÑOR ‘13
Con la fiesta del Bautismo del Señor se clausura el tiempo de Navidad. Ocurre una nueva Epifanía:”Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto».
Esta fiesta pone punto final a la vida oculta. Jesús ha permanecido en Nazaret e inicia ahora su vida mesiánica. El Señor elige a su Siervo para que sea luz de las naciones, promueva el bien y la justicia (1ªlect.). “Pasará haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (2ªlect.)
Jesús, hombre adulto, guarda cola en la corriente del rio, mezclado con los pecadores, uno más en la fila de penitentes que van recibiendo el bautismo purificador de Juan: «Yo os bautizo en agua, pero El os bautizará en Espíritu Santo».
A lo que está pasando en el río, se suma una intervención sorprendente desde el cielo. San Lucas presenta el Bautismo de Cristo como prototipo del bautismo cristiano, y nos dice: Mientras Jesús oraba, se abren los cielos y desciende el Espíritu. La oración de Jesús trae el don del Espíritu, que se posa sobre Él, y resuena desde lo alto: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Quedan ratificados y casi escenificados el misterio del Dios trinitario, la divinidad de Cristo y los tres nombres santísimos que avalarán después nuestro bautismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Juan el Bautista presenció la escena que atestiguan los cuatro evangelistas. Dios irrumpe señalando a aquel hombre como su propio Hijo,certificando la divinidad de Jesús.
+ ¿Qué significa para ti tu Bautismo?
También hoy nosotros nos ponemos en oración para que el Espíritu nos ayude renovar nuestro propio Bautismo.
Ingresamos en la esfera fascinante de lo sagrado donde Dios interviene en directo para transformar al hombre de pecador en justo, de muerto en resucitado. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios? Este dicho de Jesús tras la curación y el perdón de un paralítico, se engarza bellamente con sus palabras a Nicodemo: “Te aseguro que el que no nazca del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el reino de Dios».
Imposible enumerar las riquezas teologales del Bautismo: baño de regeneración, limpieza del pecado de Adán. Nos injerta en Cristo resucitado, nos hace hijos de Dios, templos del Espíritu. Nos incorpora a la comunidad de los creyentes: es el fundamento de la fraternidad. Significa el paso de la Muerte a la Vida, fundamento de nuestra libertad. Presupone y conlleva una vida coherente: Es el fundamento de nuestra responsabilidad cristiana:
A tan inigualable dignidad de bautizados en Cristo corresponde nuestro compromiso, la responsabilidad de la coherencia en el ser cristiano: Morir al hombre viejo, despojarse del pecado y egoísmo… para que resurja el “hombre nuevo”, “andar en una vida nueva” (Rm 6, 3-5) y pasar haciendo el bien queriendo ser cada día mejores. Explica el Papa: Decir “no”, renunciando a las tentaciones, al pecado, -ambición, egoísmos, envidias e intereses-, al diablo, a la cultura de la muerte. Y decir “sí” al Dios vivo, “sí” a Cristo, “sí” a la Iglesia, “sí” al amor, “sí” a la vida.
Somos sal de la tierra y luz del mundo, llamados a la santidad personal, al anuncio intrépido del Evangelio y a la dicha final en la Casa del Padre.
Al invocar a Dios como Padre, Él nos responde reconociéndonos como hijos amados suyos en quienes tiene el deseo de complacerse.
Una pequeña anécdota, para terminar, que leí, sobre el insigne compositor Manuel de Falla, cristiano de profunda experiencia de Dios. Regresado a Granada desde Argentina, recién terminada la guerra civil, y en aquel clima de sufrimiento, se esforzó en sanar heridas y remediar desgracias sin tener en cuenta el bando, vencedor ó vencido, de los afectados. Alguien se lamentó de que protegiera a determinadas personas, no afines a sus creencias, y le preguntó por qué lo hacía. «Porque estoy bautizado», repuso don Manuel.
Para él y para nosotros, el Bautismo, además de un regalo enorme es un reto de santidad.
