3º Domingo del T.O. (2013)

Domingo 3º del TO. C. 27-I-13

Las lecturas del Tercer Domingo Ordinario nos muestran la importancia de la Palabra de Dios.

Nos ha dicho el Papa en la Catequesis sobre la fe del miércoles pasado (23-I-13): «La fe es un acto personal: es la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela a sí mismo» (n. 166). Ser capaz de decir que se cree en Dios es…. una experiencia de diálogo con Dios, que por amor, «habla a los hombres como amigos» (Dei Verbum, 2), nos habla a fin de que , en la fe y con la fe, podamos entrar en comunión con Él.

¿Dónde podemos escuchar a Dios y su palabra? Fundamentalmente en la Sagrada Escritura …., toda la Biblia habla de la fe y nos enseña la fe…”

Esdras organizó una lectura solemne de la ley de Moisés. La gente se emociona; el pueblo llora de alegría y de dolor, consciente de sus pecados y de la necesidad de conversión. “Porque todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley”. Organizan una fiesta. Esdras dice a la gente que llora: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: no hagáis duelo ni lloréis».“Andad, comed buenas tajadas y bebed vino dulce”. Una fiesta nada egoísta sino abierta a Dios y a los demás: del arrepentimiento nace la generosidad de la caridad fraterna: “Enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios”.

Tras la dura prueba del exilio de Babilonia, merecida por sus pecados e infidelidades, el pueblo se siente de nuevo como el pueblo bendecido por Dios.

También el Evangelio nos introduce en una escena semejante. La Buena Noticia es la presencia de Jesús entre nosotros. Jesús ha empezado a enseñar en las sinagogas. «Todos tenían los ojos fijos en Él». Esta actitud ilumina de manera elocuente cuál ha de ser también nuestra actitud. Puesto que Cristo «está presente en su palabra» y «cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura es El mismo quien habla» (SC7), ¿se puede escuchar la Palabra de manera rutinaría, impersonal, pasota?. ¿Cómo escuchamos, acogemos y meditamos la Palabra de Dios?

Sólo cabe estar a la escucha de Cristo mismo, con toda la atención de la mente y del corazón, pendientes de cada una de sus palabras, «con los ojos fijos en El». La escucha y la fidelidad a la palabra nos configura como pueblo: “Vosotros sois el Cuerpo de Cristo” (2ª lectura).

«Hoy se cumple esta Escritura». La profecía de Isaias se cumple en Jesús. Jesús se siente ungido por el Espíritu de Dios, impregnado por su fuerza. La gente se queda llena de admiración. El es el cumplimiento de las promesas. El es la Palabra. Por eso es tan importante conocer la Escritura para conocer a Jesús. “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo” (San Jerònimo).

La unción del Espíritu prepara a Jesús para una triple misión: liberar a los cautivos, sanar a los enfermos y anunciar una buena noticia a los pobres, proclamando el año de gracia del Señor.Esperanza para los que sufren y bálsamo sanador de todas las dolencias.

¿Qué significa esto para nosotros?, se pregunta el Papa. Estas palabras se cumplen también ahora en la Iglesia: Enviada por Dios, ha de hacerse cargo de los marginados, anunciar a todos el mensaje de Jesús y propiciar la reconciliación universal. Liberar, aliviar, sanar y perdonar.

“Cuando decimos: «Creo en Dios», decimos como Abraham: «Yo confío en Tí, Señor», pero no como en Alguien a quien recurrir solo en los momentos de dificultad o a quien dedicar algún momento del día o de la semana. Decir «Creo en Dios» significa fundamentar en Él mi vida, dejar que su Palabra la oriente cada día… Creer en Dios nos hace, portadores de valores que a menudo no coinciden con la moda y la opinión del momento. Nos pide adoptar criterios y asumir una conducta que no pertenecen a la manera común de pensar. El cristiano no debe tener miedo de ir «contra corriente» para vivir su fe, debe atreverse a ser diferente. En muchas sociedades, Dios se ha convertido en el «gran ausente» y en su lugar hay muchos ídolos. ¿Cuáles?: especialmente la posesión del «yo» autónomo; ese creciente egoísmo que crea desequilibrios en las relaciones entre las personas y en los comportamientos sociales. Junto a una ilusión de omnipotencia y de autosuficiencia, gracias al progreso de la ciencia y de la tecnología, que es positivo y bueno”.(Cf B16).

La Sagrada Escritura no es una reliquia del pasado. La Palabra de Cristo es una palabra eficaz; no sólo nos comunica un mensaje, sino que por su propio dinamismo «realiza aquello que significa o expresa» (Is 55,11). Dios, al hablarnos, no sólo nos enseña cosas, sino que va transformando nuestro corazón y nuestra vida.

Dejémosle actuar!