1º Domingo de Cuaresma (2013)
CUARESMA ‘13. DOMINGO 1º. ADIOS, SANTO PADRE
Un año más Dios nos ofrece una nueva Cuaresma. Una Cuaresma SINGULAR que coincide con la renuncia del Papa Benedicto XVI. GRACIAS, SANTO PADRE:
RESPETO, RECONOCIMIENTO, AGRADECIMIENTO Y CONFIANZA. (Cf al final.)
El Evangelio de este primer Domingo nos recuerda las tentaciones de Jesús en el desierto. CRISTO VENCIÓ. Y nos hace mirar a nuestras tentaciones: directas unas; más sutiles y peligrosas otras: Ese modo de vivir de nuestro ambiente que, nos va calando como la humedad o la niebla, como el humo del tabaco con el que todos nos intoxicamos. Ese modo de vida pagano, aunque conserve algunas formas cristianas, que cada uno justificamos diciendo:”es lo que se lleva”, “todo el mundo lo hace”… y que va minando nuestro seguimiento de Cristo. Nosotros somos personas tentadas constantemente. Nuestros deseos nos arrastran, nos dejamos engañar, las pasiones, las modas, los caprichos… nos llevarán a donde no queramos. ¿Cómo si no explicar el abandono de la fe en muchos cristianos? ¿En quien vamos a apoyarnos sino es en Dios que nos ama de verdad y desde siempre?
La Cuaresma es una peregrinación en la que el Señor con su amor, nos acompaña a través del desierto de nuestros pecados, limitaciones, pobreza, tentaciones y oscuridades. Cuarenta días para confiar en el amor de Dios. Cuarenta días para reflexionar y volver sobre nosotros mismos. Para purificar la vanidad, el orgullo, la autosuficiencia, la desconfianza, la pereza, la superficialidad. Tiempo de revisión y de enmienda, de ablandar la dureza del corazón, de rectificar, de mirarnos honestamente delante del espejo de Dios y preguntarnos si en verdad está siendo el querer de Dios, lo que a Dios le agrada, el horizonte de nuestra vida. Es tiempo de conversión.
Dios nos acompaña y nos protege; no quiere que oigamos aquellas duras palabras del Apocalipsis: “Conozco tu conducta: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3, 15).
Dios nos ofrece una nueva oportunidad, un tiempo para progresar: En lo esencial. “Ir a lo esencial” (Benedicto XVI, es el “Papa de lo esencial”). Para nosotros se trata de atender los aspectos importantes: oración, conversión, ayuno, limosna, solidaridad.
– Dejarnos amar por Dios: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1Jn 4, 16) Así comienza el Papa el Mensaje de la Cuaresma para el Año de la fe.
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es la fe. Por eso, progresar: En nuestra relación con Dios, debilitada por la rutina, el cansancio, el pecado. Vivir de modo más radical el Amor de Cristo. ¿Estamos a tono?¿Desafinados?¿Fríos?. El encuentro personal con Cristo, en la fe y en el amor, cambia nuestra vida. La oración: Primacía de Dios. Que nuestra amistad con Él sea más sincera, más auténtica y profunda. La Palabra de Dios, el Evangelio de Jesucristo, la celebración de los sacramentos (en especial, la Eucaristía y la Reconciliación), son alimento para el camino. Necesitamos recuperar el lugar esencialdel silencio y la oración, alejándonos de la servidumbre de tanto ruido para buscar el sosiego y la paz interior.
– Progresar…: En nuestra mejor relación con los hermanos: La caridad. Una Cuaresma solidaria y fraterna, nos sugiere el Papa. “Creer en la caridad suscita caridad”. “El verdadero compartir debe estar arraigado en la fe”. “La evangelización es la promoción mejor y más alta de la persona humana”.
Fomentar la austeridad, el desprendimiento, el compartir, el servicio, la generosidad, el deseo de entregarse al prójimo. “Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 3, 8). “Una fe sin obras es como un arbol sin frutos”.
Dar y compartir con los demás lo que tenemos, pero también lo que somos. Regalar una sonrisa, una palabra amable. Regalar nuestro tiempo, una ayuda desinteresada. Poner al servicio de los demás, -de alguién que las pueda necesitar-, mis cualidades, mi saber…. Ofrecer nuestros servicios y nuestra amistad.
– En el testimonio. El apostolado. El compromiso. Ante el regalo que supone creer y el “eclipse de Dios, la amnesia y el rechazo del tesoro de la fe” (B16), anunciar el Evangelio y proponer la fe con palabras y obras, con el testimonio creíble de la vida, con comunidades fraternas que hagan exclamar: ¡Mirad cómo se aman!.
Buena y santa Cuaresma, en esta confianza: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).
GRACIAS, SANTO PADRE:
RESPETO, RECONOCIMIENTO, AGRADECIMIENTO Y CONFIANZA
“Los cuatro sustantivos que titulan este apresurado y conmovido comentario editorial se refieren, obviamente, a los sentimientos que experimentamos en la hora del anuncio del Papa Benedicto XVI de renunciar al ministerio apostólico petrino. Junto a ellos podríamos hablar asimismo de sorpresa ‑si lo pensamos bien, no tan grande … ‑ y hasta de tristeza.
A lo largo de sus ocho años al frente de la nave de Pedro, Joseph Ratzinger ‑Benedicto XVI ha sido un magnífico pastor de la Iglesia católica, una referencia segura para las personas de buena voluntad y una personalidad respetada y en creciente prestigio en el conjunto de la sociedad.
Años atrás, calificamos a Benedicto XVI como Papa luminoso y sereno, apacible y firme. En la hora de su despedida, estos cuatro adjetivos recobran, a nuestro juicio, plena vigencia. Ha sido el Papa de la palabra. Ha sido y sigue siendo una delicia y una auténtica escuela y fuente de enriquecimiento y hasta de formación permanente leerle y reflexionar sobre sus palabras y pensamientos. Teólogo y catequeta excepcional, Benedicto XVI ha dado lo mejor de sí mismo en el ejercicio de su magisterio, en admirable fidelidad creativa con el Magisterio de la Iglesia. Además, ha corroborado su magisterio no solo con su indiscutible valía intelectual ‑propias de un auténtico sabio‑, sino también con su talante personal y creyente profundamente religioso, humano y humilde. Humilde, sí, porque la humildad de Benedicto XVI ha sido uno de sus grandes dones y virtudes, ahora ya, al igual que su luminoso magisterio, todo un legado.
El Papa sabio y humilde que ha sido ‑nos cuesta hablar ya en pasado al referirnos a él…‑, . Benedicto XVI ha sobresalido igualmente por su ‘ hondura y afabilidad humana, por su indudable apacibilidad. Hombre y creyente, pues, de paz, de encuentro, de comunión, de diálogo, quienes lo han tratado personalmente han destacado siempre la suma delicadeza de su trato, su capacidad de escucha y el don de la acogida.
Papa firme en tiempos de turbulencias ‑¡y tantas y tan lamentables como los casos de pederastia, el Vatileaks, polémicas innecesarias como las airadas reacciones tras el discurso de Ratisbona y otras más!‑, Benedicto XVI ha mantenido firme el pulso y el ritmo de la nave de Pedro. Ha sido valiente, sincero, honesto, claro, audaz. Ha sido en medio de tantas «noches oscuras» testigo de luz y de esperanza. Y, en todos los cargos y servicios en que lo ha ido situando la Providencia, ha custodiado, defendido y difundido la fe católica, la fe de la Iglesia, con toda su sabiduría, con todas sus fuerzas, con toda su apacible y firme ‑valga la redundancia- firmeza y con todo el sentido y la conciencia de la responsabilidad.
Todo ello nos lleva, de este modo, a reconocer y a agradecer su persona y su ministerio. Y a hacerlo de todo corazón. Y es que creemos que es un deber de justicia este reconocimiento y agradecimiento.
Lo anterior significa también que acogemos con respeto profundo y sincero su decisión de renunciar al ministerio apostólico. Se hará efectiva en menos de dos semanas, en la tarde del jueves 28 de febrero. A buen seguro que a partir de ese momento Benedicto XVI se retirará de la escena pública sin atisbo alguno de nostalgias o querencias. Lo hará con la misma discreción y servicialidad con la que ha estado en primerísimo plano de la vida de la Iglesia y de la humanidad. Y con la misma efectividad. Que nadie lo dude: Benedicto XVI no será jamás una «sombra» ni para su sucesor ni para la Iglesia. Todo lo contrario.
De ahí que esta hora inédita y compleja en que nos hallamos sea también hora de confianza y de esperanza. No es una confianza o una esperanza basada en especulaciones y candidaturas humanas, en hipotéticos programas de reformas u otros cálculos meramente periodísticos y «de tejas abajo». Es la confianza y la esperanza de que es Dios quien guía a su Iglesia, de que nadie quiere más al mundo y a la Iglesia gue Dios, su creador y guardián providente, que El estará siempre con nosotros. No era nada fácil la sucesión, tras casi 27 inolvidables años de Juan Pablo II, y, no obstante, pronto comprobamos que Dios estaba grande con nosotros mediante Benedicto XVI. Y que todo esto ahora se va a volver a producir es nuestra convicción y el manantial de nuestra confianza y esperanza.(Revista ECCLESIA, n. 3662. 16-II-2013) .
