5º Domingo de Pascua (2013)

V domingo de Pascua’13 He 14,21b-27; Ap 21,1-5a; Jn 13,31-33a.34-35

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,34). Qué os améis, que os améis…

Mandamiento: Más que un mandamiento es una necesidad. No se puede vivir sin amar.“Sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida porque amamos a los hermanos. No amar es quedarse en la muerte” (1Jn, 3, 14-15). «Al atardecer de la vida te examinarán del amor», dice san Juan de la Cruz.

Mandamiento nuevo: ¿dónde está la novedad? En amarnos como El nos ha amado.

Esto es lo nuevo. Nosotros tendemos a poner límites al amor: a quienes se lo merecen, mientras se lo merezcan… El amor de Jesús suprime fronteras y llega incluso a los enemigos, a los pecadores. Amar como Jesús parece algo irrealizable. Ha puesto el listón muy alto.

El punto de referencia es El: Amar como El nos ha amado: Con un amor hecho de generosidad; del que vino a servir y no a ser servido; del que vino a lavar los pies; del que vino a darnos vida y vida en abundancia; del que colgado en la cruz muere rezando: ”Padre perdónales que no saben lo que hacen”.

        Papa Fco: “Comportémonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por nuestros fallos y caídas, sintiéndonos amados por Él, sabiendo que Él es nuestra fuerza. ( … ) Porque él es siempre fiel. Ser cristianos no se reduce sólo a cumplir los mandamientos” [que con los tiempos que corren no sería poco!!= no hacer daño a nadie, no mentir, no robar, respetar …]. “Ser cristiano es ser de Cristo, pensar, actuar, amar como Él, dejando que tome posesión de nuestra existencia para que la cambie, la trasforme, la libere de las tinieblas del mal y del pecado”.

”La medida del amor es amar sin medida” (San Agustín). El amor de Cristo es universal, sin límites -incluso a los enemigos- enteramente gratuito, desinteresado, incondicional. Amó a todos, siendo su amor respetuoso y humilde, cariñoso y cercano, servicial y total, hasta dar su vida por nosotros.

Nuestro amor, se queda en bella teoría si no soy capaz de amar con amor concreto a las personas que conozco, a los que tengo a mi  lado, a los que diariamente se relacionan conmigo, comenzando por los más próximos, por la familia, por el esposo/sa. “Projimidad”. “Un amor a Cristo que luego se expresa en el servicio a los demás, en hacer el bien al prójimo. En la “projimidad” (Papa Fco.).

       Amor oblativo, de ofrenda, capaz de sufrir por las personas a las que quiero: ”En las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…”. El gran ideal de la fraternidad evangélica ha de ser realizado en el día a día de nuestra existencia concreta.

La señal:  Cristo termina recordándonos: «La señal por la que conocerán que sois mis discípulos será que os amáis unos a otros» (Jn 13,35). El Señor no quiso que los suyos fueran admirados como  superdotados o poderosos. El Maestro quiere que sus seguidores sean reconocidos por el amor. El amor es la señal y constituye el ser o no ser cristiano.

De los primeros cristianos decían: «Mirad cómo se aman!». Es lo que hay que esperar de cada uno de nosotros. Nada hay que anime tanto como la fraternidad.

”Sin Mi no podéis hacer nada”. Abandonados a nuestras propias fuerzas nunca podríamos. Sólo mirando a Cristo y bebiendo de El somos capaces de amar de verdad. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo…” (Rom 5,5).

Una historieta para los niños (Mt 18,3): Un sabio fue invitado a visitar el infierno. Los condenados estaban sentados alrededor de una mesa que contenía manjares exquisitos, pero todos ellos estaban tristes y demacrados porque Dios les había obligado a comer con unos palillos tan largos que no podían llevárselos a la boca. El sabio pensó que el infierno consiste en ver lo felices que podíamos haber sido y no serlo. Luego visitó el cielo. Para su sorpresa, la mesa era igual y también los comensales habían sido obligados a comer con los mismos palillos largos, pero todos estaban alegres y con magnífico color porque cada uno daba de comer al que tenía enfrente. Entonces el sabio comprendió que el cielo es preocuparnos del que está enfrente y el infierno pensar sólo en nosotros mismos.

La Madre Teresa de Calcuta decía que ella no hubiera tenido fuerza para hacer lo que hacía con los pobres y moribundos sin el contacto con Jesús en la Eucaristía. En cierta ocasión, un periodista al ver cómo curaba las llagas de ciertos enfermos, exclamó: “¡Yo no lo haría por todo el oro del mundo! Y ella respondió: «Ni yo tampoco, pero por Jesús, sí».