6º Domingo de Pascua (2013)

DOMINGO VI DE PASCUA ´13. Pascua del ENFERMO. Día de la MADRE.

Como todos sabemos, el texto del Evangelio de hoy, se sitúa dentro de la Última Cena de Jesús con sus discípulos. Todo suena a despedida. Tiene la dramática seriedad de un testamento. Y la solemnidad de una promesa definitiva.

       «El que me ama guardará mi palabra».      Y ésta es la promesa de Jesús para quienes amen a Dios: Mi Padre le amará y VENDREMOS A ÉL y haremos morada en él”.

Además, Jesús nos habla de DOS regalos:

– el “Espíritu Santo Defensor que nos enseñará y recordará todo lo que Jesús nos ha dicho”.

– y el don de su paz.  No la ausencia de guerras o de conflictos. Es la paz interior, la del corazón: El estar en armonía conmigo mismo, con Dios y con los demás. La paz de Jesús es bienestar, reposo, seguridad, salvación, felicidad. Con ella podemos luchar y aceptar las adversidades de dentro y de fuera. Dice Jesús: ”Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” ante las dificultades. Y permaneced firmes en la fe. Ni la traición de Judas, ni la negación de Pedro, ni las persecuciones, ni las cruces… Nada deberá alejarnos del Señor.  “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.

+ Pascua del Enfermo: En la vida, en el dolor, ante las cruces… no estamos SOLOS. Podemos contar siempre con Jesús.

El Papa Benedicto XVI decía: “En esta Jornada, me siento especialmente cercano a cada uno de vosotros, queridos enfermos, que…, vivís un difícil momento de prueba a causa de la enfermedad y el sufrimiento”.

Ver sufrir a aquellos que amamos produce gran dolor y conlleva  muchos sacrificios. Cuando un ser querido cae enfermo, algo de nosotros enferma con él.

Los enfermos nos humanizan. Nos ayudan a descubrir la importancia de la humildad y la generosidad. No somos autosuficientes. Necesitamos de los demás. La atención a los enfermos crea un clima de humanidad donde crecen los sentimientos más humanos y más generosos. Ellos nos invitan a pensar en los demás, a dedicar tiempo y amor a quienes nos necesitan, a amar y agradecer los dones de vida que hemos recibido gratuitamente, a poner nues­tros recursos al servicio de la vida, del consuelo, de la esperanza. La presencia de un enfermo nos hace entrar en las verdaderas dimen­siones de la vida; nos ayuda a relativizar tantas cosas… Los enfer­mos humanizan, cristianizan, santifican a quien les atiende con amor.

La Iglesia dedica el VI domingo de Pascua, a honrar a los enfermos, los predilec­tos de Jesús. A homenajearlos, rezando más por ellos.

– Para acompañarnos este año, el Papa nos propuso la parábola y la figura del Buen Samaritano(Lc 10,37).

        La parábola nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Jesús, el Hijo de Dios, es el Buen Samaritano que se inclina, lleno de misericordia, sobre el abismo del sufrimiento humano, para derramar el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Además, el Buen Samaritano nos exhorta a todos: «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37). Sed como el Buen Samaritano.

Tres pueden ser, pues, las lecciones del Buen Samaritano:

1. prestar atención al enfermo: Para ello, salir de nosotros mismos y dejar de vivir absortos en nuestros intereses. No “pasar de largo” ante el dolor.

2. compadecernos sinceramente: aprender a practicar el ejercicio constante de ponernos en su lugar.

3. proporcionarle la ayuda que necesita: Esto exige revisar nuestras prioridades personales y sociales y mejorar y modificar las estructuras sanitarias.

Con el ejemplo y estímulo, de los Santos.    En el evangelio destaca la figura de la Virgen María, que siguió al Hijo sufriente hasta el supremo sacrifico en el Gólgota. No perdió nunca la esperanza en la victoria de Dios sobre el mal, el dolor y la muerte, y supo acoger con el mismo abrazo de fe y amor al Hijo de Dios nacido en la gruta de Belén y muerto en la cruz. Su firme confianza se vio iluminada por la resurrección de Cristo, que ofrece esperanza a quien se encuentra en el sufrimiento y renueva la certeza de la cercanía y el consuelo del Señor. (Cf. Mensaje de B16).

– Junto a la oración por cada enfermo, vaya nuestro reconocimiento y oración  en este día a las instituciones sanitarias, médicos, enfermeros/as, personal sanitario, voluntariado, visitadores de enfermos. A todas las personas que, en su propio domicilio, cuidan y atienden amorosamente a los enfermos y a los ancianos.

 

– DIA DE LA MADRE: «Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús» (Hch. 2)

Por encima de intereses comerciales, celebramos a la MADRE en el espacio familiar de la verdad y la belleza; con santa María, la Virgen. Un buen día para el amor, la ternura, los detalles, la alegría, la oración y la gratitud. Que nunca hagamos sufrir a las madres. Y además, para nuestras madres que ya están en el cielo, ofrecemos esta Eucaristía, como el mejor regalo.