SOLEMNIDAD DE LA SSMA. TRINIDAD (2013)

SOLEMNIDAD DE LA SSMA. TRINIDAD

Dios, es un Dios-Amor, un Dios cercano, amigo, que se revela para que lo conozcamos, amemos y adoremos.

Hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras sencillas, que toquen nuestro corazón desanimado y desalentado. Este pueblo golpeado por la crisis financiera y de valores, necesita esperanza. El Papa Fco., acaba de animar a los gobernantes a estar verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos y ha pedido a los responsables políticos “valor para afrontar una reforma financiera ética”; tomar en consideración la ética y la solidaridad. “¿Y por qué no acudir a Dios para inspirar los propios diseños?”

La Ssma. Trinidad es un misterio para vivirlo. Nos pone en primer plano que Dios es amor, y es familia, es amistad y es armonía. Que cuida de nosotros y le importamos mucho. Dios me cuida, me guía, me acompaña, me protege. Tiene entrañas de misericordia, me perdona y me anima para volver a empezar.

Todo esto lo sabemos porque lo ha revelado Jesús, el Hijo. Con Él nos asomamos a la hondura de Dios, abismo de amor. “Nada te turbe…”. Podemos cantar: “¡Si vienes conmigo y alientas mi fe, si estás a mi lado a quién temeré!”.

El Papa B16 ante el Año de la fe, sugería volver al “credo” para aprender a vivirlo con alegría nueva.

“No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín en un sermón sobre la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis… [son] las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […]; algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón»(Benedicto XVI, Porta Fidei 9).

+ «Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». Ante nuestros problemas y conflictos, no estamos solos. Dios no nos olvida ni se desentiende de nosotros. Dios es nuestro Padre: Nos ha creado por amor, y nos espera al final con corazón de Padre. Él es el origen y la meta del Universo.

TAREA: Hablar bien de Dios, nombrarlo en positivo. Hacerle sitio en la familia. Contagiar la fe a los hijos. El ejemplo arrastra. La familia es insustituible: Si viven cristianamente, los padres inician a sus hijos en la vida cristiana casi espontáneamente, y si viven como paganos, quieran o no, los van iniciando a una vida exclusivamente terrena y pagana.

+ «Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Cristo es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo.

Los seis verbos a conjugar: Conocer a Jesucristo, celebrar a Jesucristo, vivir a Jesucristo, y para ello, orar, compartir y anunciar, es lo que nos centra en El y nos empuja a  trabajar por causas tan nobles y tan necesarias como son la fraternidad, la justicia, la ayuda a los pobres y los necesitados.

+ «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Dulce huesped del alma, amigo y compañero permanente. Nos ilumina y alienta; nos fortalece y santifica. Es tregua en la fatiga, brisa en el bochorno, descanso en el esfuerzo, gozo en el duelo, lluvia en la sequía espiritual, rocío que limpia y purifica.

En su amor apasionado por toda la humanidad Dios ha querido permanecer siempre a nuestro lado, hasta el fin del mundo: guiando nuestros pasos, fortaleciendo nuestra debilidad, acompañando nuestras soledades, consolando las tristezas, siendo ánimo ante la desesperanza.

– Por eso hoy es un día de alabanza, de adoración, de agradecimiento

– Día para recoger el envío: Id y haced discípulos…” (Evang.). Anunciar. Pero es preciso hablar con Dios para poder hablar de Dios; ser oradores, de orantes… para ser oradores, hablantes de Dios. “La primera condición para hablar de Dios a los demás es que primero hablemos asiduamente nosotros con Dios, seamos hombres y mujeres nutridos con una intensa vida de oración y plasmados por su Gracia” (B16).

¿Si tuviera que explicar a alguien quien es Dios para mí, ¿qué le diría?    – Día pro-orantibus