DOMINGO 27/C.’13.
DOMINGO 27/C.’13.
“El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe”. Con el evangelio de este domingo pedimos: “Señor auméntanos la fe”. La fe es el camino para nuestra relación con Dios:”sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11,6).
Estamos en el AÑO DE LA FE. El Papa Benedicto al convocarlo y el papa Francisco en su 1ª encíclica “La Luz de la fe“, -escrita a cuatro manos- nos dicen que “estamos viviendo una crisis generalizada de la fe”. Y nos animan a centrar nuestra atención en la PASTORAL DELA FE.
“Transmito lo que he recibido”, dice el Cap. 3º de la Encíclica. “La Iglesia es la madre de nuestra fe… Como en la liturgia Pascual la luz del Cirio enciende otras muchas velas, así brilla y se difunde la Luz de Cristo. La transmisión de la fe se realiza mediante el Bautismo y alcanza su máxima expresión en la Eucaristía, que es el precioso alimento de la fe. Y en el Padrenuestro y en el Decálogo… En torno a ellos la Catequesis” (Enc. Luz fe).
El Concilio Vaticano II concreta: «Los padres,… deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Esta tarea de la educación tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse”(Vat II, «Decreto sobre la Educación»(7)).
Lo dice muy bien el Catecismo: “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe… En especial tienen la misión de educarlos en la fe cristiana” (ib. 460).[1]
Es evidente que los padres para llevar adelante esta tarea, necesitan la ayuda de la parroquia, del Colegio y de la comunidad cristiana entera. Pero siempre ha de quedar claro que los primeros responsables de la educación religiosa de sus hijos y los más capacitados para hacerlo son los padres cristianos.
Quizás no hemos valorado suficientemente la intervención de la familia en la transmisión de la fe. Ese ir pasando la fe pacíficamente de padres a hijos. Ahora, que ese proceso se ha alterado, comenzamos a echarlo de menos y valorarlo en lo que vale.
Pensemos ¿quién nos ha enseñado a rezar? ¿cuándo, dónde y cómo hemos aprendido a creer en Dios, en Jesucristo, a invocar a la Virgen María? ¿quién nos enseñó a distinguir el bien del mal? ¿dónde aprendimos a vivir como cristianos?
La mayoría de nosotros hemos nacido a la fe gracias a la ayuda de nuestra familia. Familias con sus limitaciones y sus fallos, pero ellos nos llevaron al bautismo y ellos se encargaron de que creciera en nosotros personalmente la fe recibida. Menciones de Dios, oraciones familiares, frecuencia sacramental, ritmo semanal, calendarios festivos, etc. Valores y virtudes que practicar. Pensemos cómo se vivía en la familia un cumpleaños, una enfermedad o una muerte, un aniversario. En todos estos acontecimientos había referencias religiosas.
Hoy, en bastantes casos, esto ya no es así.
No se trata de añorar tiempos pasados, sino de afrontar el presente con responsabilidad.
La familia es el lugar privilegiado para la transmisión de la fe. La familia es y ha de ser la primera escuela del niño, la transmisora de la fe, de las virtudes, y de los valores humanos y cristianos. Los padres son los principales educadores de sus hijos, con la palabra y con la forma de actuar. El ejemplo arrastra. Nadie les puede suplir.
La familia es pues, el «lugar privilegiado para hablar de Dios»
¿CÓMO HABLAR DE DIOS?:
Nos ha dicho el papa Benedicto: “Hablar de Dios es comunicar, con fuerza y sencillez, con la palabra y con la vida, lo que es esencial: el Dios de Jesucristo, (…) aquel Dios que nos ha dado la Iglesia, para caminar juntos, y, a través de la Palabra y de los Sacramentos, renovar nuestro compromiso en el mundo».
Para hablar de Dios, pues, recomienda el Papa:
– 1) aprovechar los momentos oportunos; «aprovechar las oportunidades favorables para introducir en familia el discurso de la fe», y acoger «las posibles preguntas religiosas de los hijos”.
– 2) hacerlo con alegría. «La comunicación de la fe siempre debe tener un tono de alegría pascual -que no calla u oculta la realidad del dolor, del sufrimiento, de la fatiga, de los problemas-”.
– 3) en diálogo: hablando y escuchando.
Recomienda finalmente ‘la capacidad de escuchar y dialogar’, porque la familia debe ser «un ámbito donde se aprende a estar juntos, para conciliar los conflictos en el diálogo mutuo; (para) entenderse y amarse, para ser un signo, el uno para el otro, de la misericordia de Dios». (B16: Audiencia 28 de noviembre ‘12).
– Un 4º punto:) Preocuparnos también de la Catequesis en la parroquia. Catequesis EN, DE, PARA LA COMUNIDAD: No se puede seguir a Jesús en solitario. Sería ceder a la tentación de vivir la fe según la mentalidad individualista que predomina en la sociedad. Dice el Papa Francisco: “La fe, para mí, nace de un encuentro con Jesús. Un encuentro personal… Pero al mismo tiempo es un encuentro que fue posible gracias a la comunidad de fe en la que viví…” ”La fe se abre al nosotros, dentro de la Iglesia”. Sin la Iglesia –créame- no habría sido capaz de encontrar a Jesús”.
[1] “La familia cristiana, llamada Iglesia doméstica”, está llamada a ser “una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos. (CIC 350).
