6.- “No balconeen la vida…. métanse en ella”.
De la JMJ 2013 de Rio de Janeiro:
La semilla
«Haz un cachito de buena tierra y deja que [la simiente, la Palabra de Dios] caiga allí, y verás cómo germina. En silencio, dejamos entrar la semilla de Jesús. Cada uno sabe el nombre de la semilla que entró. Déjenla crecer, y Dios la va a cuidar».
Del silencio a la proclamación:
Jesús nos pide que entrenemos para «estar en forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe. ¿Cómo?
A través del diálogo con Él: la oración, que es el coloquio cotidiano con Dios, que siempre nos escucha.
A través de los sacramentos, que hacen crecer en nosotros su presencia y nos configuran con Cristo.
A través del amor fraterno, del saber escuchar, comprender, perdonar, acoger, ayudar a los otros, a todos, sin excluir y sin marginar».
Así que planteó: «Cada uno se contesta en silencio ¿Yo rezo? ¿Yo hablo con Jesús? ¿O le tengo miedo al silencio? ¿Dejo que el Espíritu Santo hable en mi corazón? Hablen con Jesús, y si cometen un error en la vida, si hacen algo que está mal, no tengan miedo. Jesús. Díganle: ´Mira lo que hice, ¿qué tengo que hacer ahora?´ No le tengan miedo a Jesús, eso es la oración«, aseguró, más allá de los papeles que leía.
Pero luego quiso que las ideas que acababa de expresar se grabasen a fuego en los presentes. Así que les pidió, por tres veces, proclamarlos a plena voz: «¡Oración, sacramentos y ayuda a los demás!», gritaron como lema millón y medio de personas.
«No balconeen la vida»
Por último, la obra en construcción es ser misioneros -esencia de la Jornada-, ser «protagonistas» de la historia, como demandó a los presentes ser. Fue la tercera vez que, evocando a la Madre Teresa de Calcuta y su respuesta a la pregunta «¿Qué debe cambiar en la Iglesia?» («Tú y yo», respondió la beata albanesa), pidió una triple reiteración pública: «Quiero ir y ser constructor de la Iglesia de Cristo».
«¡No balconeen la vida, no se queden en el balcón, métanse en ella, como hizo Jesús!».
«Que cada uno abra su corazón para que Dios le diga por dónde empieza».
