Domingo 29 T.O. DOMUND
Domingo 29 TO/ C DOMUND.
Un juez que no tenía demasiado interés por la justicia: “ni temía a Dios ni le importaban los hombres”!!. La insistencia de una mujer viuda. La parábola nos quiere mostrar cómo ha de ser nuestra oración, nuestra relación con Dios: «orar siempre, sin desanimarse», a pesar de las dificultades. Con confianza y perseverancia. Una oración que nace de la confianza en que Dios siempre escucha los ruegos de los que le suplican y les hace justicia porque Él es justo y compasivo. -No como el juez inicuo de la parábola-. Porque nos ama, porque Él nos ha elegido como hijos e hijas suyos. Pero, desea que se lo pidamos, que nuestra oración no desfallezca, que no perdamos nunca la confianza.
Sta. Teresa, cuya fiesta acabamos de celebrar, nos dirá: «El remedio de todos los males es la oración. Quien la ha comenzado que no la deje; y quien no la ha comenzado, por amor del Señor yo le ruego que no carezca de tanto bien. Que no es otra cosa la oración mental sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». Sabiendo que el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho.
+ El mensaje del papa Francisco para el día del Domund de este año, nos llega con convicción, y su alegría genera entusiasmo e ilusión en todo el Pueblo de Dios.
Dos aspectos importantes del mensaje: el talante de alegría y el término «misionariedad».
– Nueve veces se menciona la palabra «alegría» como esencial de la misión evangelizadora. La alegría es inherente al Evangelio, al recibirlo y al comunicarlo. Se vive en la liturgia y se reclama como acompañante del testimonio de los creyentes.
La alegría es la experiencia profunda del Espíritu en nosotros al poder vivir el encuentro personal con Cristo y sentirnos impulsados a compartirla con nuestros hermanos: la «confortadora alegría de evangelizar»(Pablo VI EN, 80).
– La misionariedad es un sustantivo que define a la Iglesia evangelizadora y por eso el Papa orienta su mirada a las diversas realidades del mundo donde la palabra del Evangelio puede ser regeneradora de una nueva vida, personal y social. Allí donde impera la violencia, la corrupción y la mentira, la Iglesia está llamada a dar una palabra de esperanza, de misericordia y de verdad, capaz de ir transformando la sociedad.
Para nuestro mundo occidental, donde el secularismo ha hecho estragos en el proceso de alejamiento de Dios y donde el relativismo moral ha conseguido prescindir de toda trascendencia, el Evangelio es capaz de transformar la mentalidad de las gentes y de cambiar el mundo.
Además, en las periferias del mundo, donde todavía no ha sido anunciada la Palabra de Dios, y en los sectores marginales más pobres, hace falta una difusión del Evangelio que llegue a los corazones de las personas dando consuelo, sentido y esperanza y promueva la transformación de las condiciones sociales, amenazadas por la injusticia, la violencia, la corrupción y la mentira.
DOMUND: + Fe + Caridad. Nunca se deben separar ni oponer, fe y caridad, dos virtudes teologales íntimamente unidas. “La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de este, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios” (Benedicto XVI).
= Misión. La peor pobreza que puede tener un hombre, decía M. Teresa de Calcuta, es la de no conocer a Dios.
La mayor obra de caridad, que nace de la fe, es ofrecer a Cristo y el Evangelio. “Ninguna acción es más benéfica y, caritativa: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana” (B16). La presencia de Jesucristo se convierte en un compromiso de ayuda al prójimo, justicia para los más pobres, posibilidad de instrucción y asistencia médica, y todas las implicaciones sociales de promoción y de defensa de la dignidad humana de todos los hombres y mujeres del mundo.
En este día, recordamos con mucho afecto y solidaridad a los misioneros. Nos sentimos orgullosos de ellos. Son parte de nuestra Iglesia de Navarra. Actúan movidos por el amor: Amor a Cristo, como Javier. Amor a todos. Amor sobre una Humanidad tantas veces cruel, dura, con odio, guerras, hambre… Lo han dejado todo para servir y anunciar la salvación de Dios. Lo han dejado todo para ir a tierras lejanas, encarnarse en sus culturas, y contribuir al desarrollo y la erradicación del hambre, la pobreza y la violencia. Son continuadores de la estirpe de Javier, herederos de su grandeza de corazón. Admiramos su fe, su desprendimiento, su entrega, su generosidad y valentía.
El verdadero misionero es el hombre/mujer de las Bienaventuranzas, vividas con la alegría interior, que viene de la fe. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cf. Mt 5, 1-12).
Día del DOMUND para sentirnos solidarios, fraternales con nuestra oración y nuestra ayuda económica, para que los misioneros puedan llevar a cabo los proyectos evangelizadores.
Pedimos al Señor que el testimonio de fe y de amor de nuestros misioneros y misioneras dé esperanza a este mundo y fortalezca también nuestra propia fe.
