8.- Homilía del Papa Francisco jueves 12 de septiembre de 2013.
El Evangelio es exigente, pide “cosas fuertes” a un cristiano: capacidad de perdonar, magnanimidad, amor por los enemigos… Hay un solo modo para lograr ponerlas en práctica: “contemplar la Pasión, la humanidad de Jesús” e imitar el comportamiento de su Madre.
“Hoy tenemos necesidad de la dulzura de la Virgen para comprender estas cosas que Jesús nos pide, ¿no? Porque ésta es una lista no fácil de vivir. Amen a los enemigos, hagan el bien, presten sin esperar nada… A quien te pega en la mejilla, ofrécele también la otra, a quien te quita el manto tampoco le niegues la túnica… Pero, son cosas fuertes, ¿no? Pero todo esto, a su modo, lo vivió la Virgen: es la gracia de la docilidad, la gracia de la mansedumbre”.
San Pablo en la Carta a los Colosenses invita a los cristianos a revestirse de “sentimientos de ternura, de bondad, de humildad, de mansedumbre”, de tolerancia y de perdón recíproco.
¿cómo puedo hacer esto? ¿Cómo me preparo para hacer esto? ¿Qué debo estudiar para hacer esto?”.
La respuesta – afirmó el Papa – “es clara”: “Nosotros, con nuestro esfuerzo, no podemos hacerlo. Nosotros no podemos hacer esto. Sólo una gracia puede hacerlo en nosotros”. Y esta gracia, añadió, pasa por un camino preciso:
“Pensar sólo en Jesús. Si nuestro corazón, si nuestra mente está con Jesús, el triunfador, el que ha vencido la muerte, el pecado, el demonio, todo, podemos hacer esto que nos pide el mismo Jesús y que nos pide el Apóstol Pablo: la mansedumbre, la humildad, la bondad, la ternura, la docilidad, la magnanimidad. Si no miramos a Jesús, si no estamos con Jesús, no podemos hacer esto. Es una gracia: es la gracia que viene de la contemplación de Jesús”.
“Pensar en su silencio manso: éste será tu esfuerzo. Él hará el resto. Él hará todo lo que falta. Pero debes hacer esto: esconder tu vida en Dios con Cristo. Esto se hace con la contemplación de la humanidad de Jesús, de la humanidad que sufre. No hay otro camino: no existe otro. Es el único.
Para ser buenos cristianos, contemplar la humanidad de Jesús y la humanidad sufriente. Para dar testimonio. Para perdonar, contempla a Jesús sufriente. Para no odiar al prójimo, contempla a Jesús sufriente. Para no hablar contra el prójimo, contempla a Jesús sufriente. Es lo único. Esconde tu vida con Cristo en Dios: éste es el consejo que nos da el Apóstol. Es el consejo para llegar a ser humildes, mansos y buenos, magnánimos y tiernos”.
