Todos los santos 2013
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TODOS LOS SANTOS ‘13
Hoy día 1, los católicos celebramos a TODOS LOS SANTOS: Los conocidos y los menos conocidos. Los que tienen peanas y altar y los anónimos y desconocidos. Han dejado su huella de honradez, entrega, fraternidad, sacrificio, fe profunda y amor. Han sembrado los valores de las Bienaventuranzas de una manera discreta y ejemplar, con la coherencia de su vida.
Celebrar a las brujas, a los monstruos y a los fantasmas, celebrar esa mascarada horrorosa,-que nadie nos engañe-, no es una fiesta cristiana. Pretende un retorno al antiguo paganismo. (Cf. A. López en La Verdad 1-XI-13)
Mañana, día 2 de noviembre, celebramos y rezamos por TODOS LOS FIELES DIFUNTOS.
El Evangelio de esta fiesta, además de cantar las bienaventuranzas de estos Santos, nos señala a nosotros el camino a la santidad.
La propuesta de Jesús rompe nuestros esquemas y ofrece una nueva escala de valores. No es precisamente lo que ofrece el mundo hoy en día, donde la mayor fuente de felicidad va por otro camino…
Jesús nos dice que serán felices los pobres, los que lloran, los limpios de corazón, los humildes, los misericordiosos, los que buscan la paz, los perseguidos.
¿Es posible este camino? Sí, con la gracia de Dios; sí, con la ayuda de Dios. En los Santos “encontramos ejemplo y ayuda”, nos dice el Prefacio. Es algo que parece costoso, pero por lo que vale la pena bien-aventurarse, “aventurarse bien”.
Las Bienaventuranzas son el retrato de Jesús; son como la radiografía de su Corazón. Él fue el primero en vivirlas.
No es una utopía, es lo que el mundo necesita.
Este mensaje del Señor es para los que quieran vivir unas actitudes de desprendimiento, de humildad, de deseo de justicia, de preocupación e interés por los problemas del prójimo. “De vencer al mal a base de bien”. “Es vuestro turno” (Juan Pablo II), nos dicen hoy los Santos a cada uno de nosotros.
Las bienaventuranzas significan la “Carta magna” del Reino de Dios y son la señal de que ese Reino llega a los hombres.
Las Bienaventuranzas son el camino a la santidad. Los Santos son los hombres y mujeres de las Bienaventuranzas.
Por todos los seres queridos, familiares y amigos, QUE NOS HAN PREDEDIDO en la fe y el amor, demos muchas gracias a Dios. Seguimos misteriosamente unidos a ellos y nos esperan en la “ciudad de la alegría” a la que nos encaminamos como peregrinos.
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– Son una llamada a ser felices; gracia antes que exigencia. Más que una ley ética difícil son una RE-VELACIÓN:
1- nos revelan a Dios: su rostro, su talante, su corazón como Dios de la misericordia. Subrayan la importancia de Dios en la vida humana.
2- en ellas Jesús se nos revela a sí mismo. El es el primer bienaventurado, “el santo de Dios”, la fuente de felicidad para los que le siguen. Con la luz del amor a Jesús, se nos iluminan las bienaventuranzas como la autobiografía que él describe de sí mismo. En Jesús se nos revela qué es ser pobre de espíritu según el evangelio, ser misericordioso, sentir hambre y sed de la justicia que salva, tener limpio el corazón, hacer la paz, encontrarse perseguido.
3- las bienaventuranzas son la Iglesia que recorre el mismo camino que su Se or “en pobreza y persecución… Abraza con su amor a los afligidos, reconoce en los pobres y los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente y procura servir en ellos a Cristo. Esta Iglesia que va caminando ‘entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios’” (LG 8).
4- las bienaventuranzas nos revelan al hombre que Dios había proyectado, que se ha hecho realidad en Jesús.(J. Apecechea).
«Dios es amor» (1Jn 4,8). Y es felicidad infinita. Sólo amando alcanzamos felicidad. Encerrados en la madriguera del egoísmo no podemos ser felices. Porque “la felicidad consiste en amar y en sentirse amado” (San Agustín).
Por todos los seres queridos, familiares y amigos, QUE NOS HAN PREDEDIDO en la fe y el amor, demos muchas gracias a Dios. Seguimos misteriosamente unidos a ellos y nos esperan en la “ciudad de la alegría” a la que nos encaminamos como peregrinos.
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Padrenuestro: al don de ser hijos -pues lo somos, “hijos de Dios”- corresponde la tarea de ser hermanos.
FINAL
Sí, bienaventurados los que confían en Dios y en los verdaderos valores; los que buscan el «ser» antes que el «tener»; los que comparten y, llevados del amor, hacen suyas las penas y alegrías de los demás; los limpios de corazón, sencillos, transparentes, sin segundas intenciones ni trampas; los que juegan siempre limpio; bienaventurados los comprensivos, los misericordiosos; los que, movidos por el amor, trabajan por la justicia, y construyen el Reino con su fidelidad personal, fidelidad matrimonial, fidelidad profesional. Con su entrega y apostolado.
