Domingo XXXII del T.O.

DOMINGO 32 TO/C ‘13

Por Cristo y en Cristo – proclamamos los cristianos con el Concilio Vat. II- se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del evangelio nos envuelve en absolota oscuridad. Cristo resucitó, y con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida» (GS 22)”.

Creer en la resurrección – que es el mensaje de este domingo-, no es resignarse a esperar y vivir una vida mejor depués de esta. Es, más bien, resucitar lo mejor de nosotros mismos, y, conformados con Cristo, empezar ya ahora a vivir esa vida buena, santa y feliz. Para ello nos puede ayudar esta semana el

        DECALOGO DE LA SERENIDAD DEL BTO. JUAN XXIII:

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

+ “Les hemos amado durante la vida, no debemos abandonarlos, hasta que nuestras oraciones los hayan conducido hasta la casa del Señor”. (San Ambrosio)