3º Domingo de Adviento 2013

DOMINGO III DE ADVIENTO/A

Con el tercer domingo de Adviento, el pensamiento de la Navidad ya cercana, domina la liturgia, imprimiéndole un tono alegre y festivo.

1) ALEGRÍA.“Estad siempre alegres en el Señor. El Se or esta cerca”.

2) BONDAD Y TERNURA. Juan Bautista, desde la cárcel, manda preguntar al Profeta de Nazaret: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». Decidle a Juan “lo que estáis viendo y oyendo”. Y cita al profeta Isaías, que anunció con signos concretos la venida del Mesías: «los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia».»¡Y dichoso el que no se siente defraudado por mí! » Este es el Mesías que cumple las promesas, y este es su oficio.

Jesús cumple su misión de forma sencilla y humilde. Es el Cristo de la bondad y de la ternura. De la humildad, del servir y amar a todos, “privilegiando a los pobres”. Anuncia la salvación curando y sembrando esperanza.

Es la urgencia misionera de estar cerca y conocer el sufrimiento de los enfermos, tristes, solos, sufrientes, que pide a la Iglesia el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica:     “Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas…” “Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos, sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio», y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos”.

 

3) PREPARACIÓN INTERIOR: Esto reforzará y animará la preparación interior, espiritual, para que no se desvirtúe lo mejor. La Encarnación de un Dios que no nos humilla con su grandeza, sino que nos hace grandes con su pequeñez.  A este Misterio, el hombre sólo puede acercarse por la puerta de la sencillez. Necesitamos recuperar las actitudes de los primeros testigos: María, José, los pastores, los magos.

En la Basílica de Belén hay una puerta, la única por la que se puede entrar al templo, que se ha convertido en todo un símbolo.  Durante el tiempo de las invasiones Cruzadas era frecuente que los soldados entraran en el templo con sus caballos, arremetiendo contra los fieles cristianos.  Por eso, para impedir semejantes atropellos, se cerró la gran puerta de la Basílica y se dejó, como única entrada, un portillo de poco más de un metro de altura.  En la actualidad, hay que entrar en la Iglesia de Belén por esa puerta, agachándose,«aniñándose’…

        Es la lección de Belén: a Dios sólo se puede llegar o siendo ni o o agachándose mucho, arrepintiéndose.  No empinándose, sino inclinándose; haciéndose peque o, humilde, sencillo.  Los que se creen grandes, los autosuficientes, los orgullosos y soberbios… se quedan sin poder entrar. Jesús vino a este mundo arropado por la pobreza y la humildad.  Sólo desde ellas se puede entender el Misterio de su Nacimiento. Solo así, pueden brotar las actitudes fundamentales del cristiano en Navidad: contemplar y adorar; celebrar y amar.