15.- LA ALEGRIA DEL CRISTIANO ES SABERSE ACOGIDO Y AMADO POR DIOS.
Ángelus tercer domingo de Adviento: palabras del papa Francisco ante una plaza repleta y bajo la lluvia, bendice las imágenes del Niño Jesús para los pesebres. Ciudad del Vaticano, 15 de diciembre de 2013.
Hoy es el tercer domingo de Adviento (Gaudete), domingo de la alegría. En la liturgia resuena más veces la invitación a estar contento, a alegrarse. ¿Por qué? Por que el Señor está cerca. La Navidad está cerca.
El mensaje cristiano se llama Evangelio, es decir, Buena Noticia.
La Iglesia es la casa de la alegría, por saberse acogidos y amados por Dios, Él viene a salvarnos. Su llegada en medio a nosotros nos fortalece, nos da fuerza, valor, produce regocijo y florece el desierto y la estepa, es decir nuestra vida cuando se hace árida. ¿Y cuándo se hace árida nuestra vida? Cuando está sin el agua de la Palabra de Dios y de su Espíritu de amor. Por más grandes que sean nuestro límites y nuestras pérdidas, no se nos permite estar débiles y vacilantes frente a las dificultades y a nuestras mismas debilidades. Por el contrario, se nos invita a fortalecer las manos, a fortalecer las rodillas para tener coraje y no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia.
Él nos da la fuerza para ir adelante. Él está siempre con nosotros para ayudarnos a ir adelante. Él es un Dios que nos quiere mucho. Nos ama. Y por esto está con nosotros para ayudarnos, para fortalecernos e ir adelante. ¡Ánimo! Siempre adelante.
Gracias a su ayuda nosotros podemos recomenzar siempre de nuevo. ¿Cómo recomenzar de nuevo? Alguno puede decirme: ‘No padre, yo he hecho tantas, soy un gran pecador, una grande pecadora, yo no puedo recomenzar de nuevo’. Te equivocas, tú puedes recomenzar de nuevo. ¿Por qué? Porque Él te espera, Él está cerca de ti, Él te ama. Él es misericordioso. Él te perdona. Él te da la fuerza de recomenzar de nuevo. A todos.
La alegría cristiana, como la esperanza, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza que Él mantiene siempre sus promesas. El profeta Elías exhorta a aquellos que han perdido el camino y se encuentran en la desesperación a confiar en la fidelidad del Señor, porque su salvación no tardará en irrumpir en su vida. Cuantos han encontrado a Jesús a lo largo del camino, experimentan en el corazón una serenidad y una alegría de la que nada ni nadie podrá privarlos.
Nuestra alegría es Jesucristo, ¡su amor es fiel e inagotable! Por eso, cuando un cristiano se vuelve triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús. ¡Pero entonces no podemos dejarle solo! Es necesario rezar por él y hacerle sentir el calor de la comunidad.
La Virgen María nos ayuda a acelerar el paso hacia Belén, para encontrarnos con el Niño que ha nacido por nosotros, por la salvación y la alegría de todos los hombres. A ella el ángel le dijo: «Alégrate llena de gracia: el Señor está contigo». Ella nos ayuda a vivir la alegría del Evangelio en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en cualquier ambiente. Una alegría íntima, hecha de maravilla y de ternura. Esa que siente una madre cuando mira a su hijo recién nacido, y siente que es un regalo de Dios, ‘¡un milagro por el que dar gracias!»
«Queridos hermanos y hermanas, lo siento que están bajo la lluvia, pero yo estoy con ustedes desde aquí. Son valientes ¿verdad? ¡Gracias!
Hoy el primer saludo está reservado a los niños de Roma. ¿Dónde están? ¡Buenos! Venidos a la tradicional bendición de las figuras del Niño Jesús, organizada por los Centros de Oratorios Romanos. Queridos niños, cuando recen delante de vuestro Belén, acuérdense también de mí, como yo me acuerdo de ustedes. Les doy las gracias y ¡Feliz Navidad!
