ADVIENTO, DOMINGO IV.
“Él salvará a su pueblo”. Estamos a la puertas de la Navidad, días de alegría, de nostalgias, de encuentro, de familia, de ternura, de ilusiones…Navidad es la prueba de que Dios nos ama.”La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. (Papa Francisco, EG 1).
Isaias había anunciado lo que ahora se cumple: Jesús, por obra del Espíritu Santo, nacido de María la Virgen, hace presente entre nosotros la salvación de Dios. Jesús es Enmanuel, DIOS CON NOSOTROS, Dios que viene a SALVARNOS.
“Pero, con Benedicto XVI podemos preguntarnos, ¿realmente necesita un salvador el hombre del tercer Milenio que conquista el universo, que investiga los secretos de la naturaleza, que navega en el océano de Internet y domina las tecnologías mediáticas? ¿Este hombre del siglo XXI, artífice autosuficiente y seguro de su propia suerte, lleno de éxitos indiscutibles?¿Y nosotros?¿Estamos convencidos de que necesitamos ser salvados por Jesucristo?
“La humanidad sigue necesitando la venida de Cristo. Le necesita esta generación llena de progreso y cosas maravillosas, pero donde reina también el odio, la discordia, la enemistad, la violencia, el sin sentido, la vaciedad de la vida.
A pesar de tantas formas de progreso, el ser humano es el mismo de siempre: una libertad tensa entre bien y mal, entre vida y muerte. Es precisamente en su intimidad, en lo que la Biblia llama el «corazón», donde siempre necesita ser salvado”.
Recuperar la Navidad es tarea urgente. La tenemos secuestrada por el consumo y devaluada, asfixiada, por los excesos y por la rutina.
“Escoge tu navidad”: No nos engañemos; tenemos delante dos estilos que son incompatibles: Uno celebra el nacimiento de Jesús. El otro no. En el mercado de las propuestas puedes acercarte a Jesús, al Evangelio, a la fe, a la piedad y la oración, a la fraternidad, a la alegría compartida, a la sencillez, a la pobreza. También puedes vivirla del modo que otros -no el Evangelio- proponen, en el derroche, en la exterioridad, en el consumo, en la vanagloria.
Vivamos y celebremos una Navidad cristiana, religiosa: Sin arrojar a Cristo de nuestras navidades. Y con Cristo, los hermanos. Navidad es la fiesta de la solidaridad. Estos días no son fáciles para los que sufren. El Dios con nosotros, nos empuja a acercarnos a los enfermos y a los que lo pasan mal, sin olvidarnos ni pasar de largo ante los necesitados y desfavorecidos.
“Escoge tu navidad”. No hay otra Navidad que la del Evangelio de Jesús. El mejor regalo de Navidad y de Reyes es Jesús, nuestro Amigo y Salvador. No cabe una Navidad sin Cristo, sin fe, sin hermanos, sin perdón, sin amor.
Te deseo que en esta Navidad Cristo entre en tu casa, y le hagas sitio en el corazón, que nazca en tu vida, y se encuentre bien acogido dentro de ti. Dios nace en la pobreza, no en el egoísmo. Nos irá bien que hagamos un poco de silencio en nosotros, cultivemos actitudes de fraternidad y de servicio con un corazón compasivo, lleno de perdón y de ternura, eliminando la envidia, la tristeza y la desesperanza.
+ San José es el hombre de la fe. Hombre justo y fiel, semejante a Abrahán en su fe sacrificada. De san José aprendemos la lección de dejar que sea Dios el protagonista de nuestra historia, el que toma la iniciativa, sin exigirle que nos pida permiso, firmándole en blanco, fiándonos totalmente de El.
+ “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura… Que Ella nos acompañe y derrame sobre todos nosotros la cercanía del amor de Dios” (Papa Francisco, EG 286).
Personalmente me atrevo a pediros que me hagáis un sitio en vuestro Belén.
Gloria a Dios y paz en la tierra. FELIZ NAVIDAD 2014.
