FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (2014)

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR ‘14

Con la fiesta del Bautismo del Se or termina el tiempo de Navidad y comienzan las treinta y cuatro semanas del “Tiempo Ordinario». Esta fiesta pone  punto final a la vida oculta de Je­sús. Comienza su vida pública, su misión evangelizadora; misión que emprende con la credencial de la voz del Padre que revela el gran misterio: ”Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

El Bautismo de Jesús nos remite a nuestro propio bautismo: «el bautismo es el más bello y magnifico de los dones de Dios», dice San Gregorio Nacianceno. El cristiano es bautizado en la muerte y resurrección de Jesús.  «El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espiritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacra­mentos”…Leamos el n 1213 del Catecismo.

Esta inestimable riqueza, la gracia de la salvación, los dones del Espiritu Santo, la condición de hi­jos de Dios, de miembros de la Iglesia,  la fe que en él se recibe… es gratuidad del amor de Dios.

A una dignidad tan grande, corres­ponde la responsabilidad de la coherencia en el ser cristiano. “Andar en una vida nueva” (Rm 6, 3-5) y pasar por el mundo haciendo el bien” (2ª lect.). A partir del bautismo co­mienza una historia nueva: el seguimiento de Jesús y el reto de la misión y del apostolado.

Nos recuerda el Concilio Vaticano II: «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor » (LG 40); llamados a la santidad.

“Preguntar a un catecúmeno, «¿quieres recibir el Bautismo?», significa preguntarle,«¿quieres ser santo?». Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48). Es una opción llena de consecuencias: Sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética de mínimos y una religiosidad superficial” (NMI 31).  Se trata de entender la belleza del ideal de la santi­dad.

Hoy se habla mucho de la autoestima, algo en verdad necesario para una vida psicológicamente sana. También es necesaria la autoestima como bautizados para ser cristianos convertidos y convencidos de verdad, capaces de caminar “contracorriente” para ser testigos de Jesús.

Demos gracias al Señor porque Dios no se esconde detrás de las nubes del misterio impenetrable, sino que, como dice el Evangelio, ha abierto los cielos, se nos ha mostrado, habla con nosotros y está con nosotros; vive con nosotros y nos guía en nuestra vida. Demos gracias porque cada uno de nosotros, somos hijos amados en Jesucristo: Al invocar a Dios como Padre, El nos responde reconociéndonos como hijos amados en quienes tiene el deseo de complacerse. Necesitamos recordarlo: somos hijos amados en Jesucristo.

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«Tan sólo podemos recibir el bautismo una vez…» dice san Agustín. Con el Padrenuestro, renovamos nuestro Bautismo CADA DIA: En el Padrenuestro confesamos nuestra condición de bautizados, de hijos de Dios, de hermanos entre nosotros; renovamos nuestro Bautismo.