DOMINGO V TO / A. 9-2-14
DOMINGO V TO / A. 9-2-14
“Alumbre así vuestra luz ante los hombres…” Dios nos llama a ser sus testigos. Nuestro mundo tiene muchos maestros, verdaderos o falsos; pero escasea de testigos. En el evangelio de hoy, inmediatamente después de las bienaventuranzas, el Maestro define la vocación, la identidad y la misión de sus discípulos diciendo: “Vosotros sois sal y luz”. – Ser sal que preserva de la corrupción, dar calidad y buen sabor a la vida, conservar lo mejor de cada persona, sazonar los ambientes. Sabor a Dios. Es hermoso saber que la fe nos empuja a dar sabor a la vida y a evitar la corrupción de la sociedad. «Cristo nos pidió que fuéramos sal de la tierra. Y no digáis que la sal escuece, lo sé. Lo mismo que sé que el día que no escozamos al mundo y empecemos a caerle simpáticos será porque hemos empezado a dejar de ser cristianos” (Bernanos). – La otra imagen es la de la luz. Luz del mundo es Cristo.”Vine a anunciaros a Jesucristo, y este crucificado” (2ª Lect.). La luz es lo contrario a la oscuridad (miedo, mal, pecado, escondido, injusto); quita las tinieblas. Es hermoso saber que la fe puede iluminar los caminos de la humanidad. Conlleva la elección de unos criterios distintos a los del mundo, el compartir los sufrimientos de tantos hermanos, la lucha por la justicia sin miedo al “qué dirán” ni a la persecución. No esconder la luz de la fe. Ser luz que ilumina con la palabra oportuna, y con la entrega generosa. Dios se fía de nosotros. Nos ha confiado esta responsabilidad; para vivirla con alegría y compromiso. Los fieles cristianos laicos, dice el Vaticano II, en virtud de la fuerza que confieren el bautismo y la confirmación, han de ser en medio del mundo como un fermento, como una levadura. A los laicos se les presentan innumerables oportunidades para el ejercicio del apostolado de la evangelización y de la santificación (Cfr. LG 31 y AA 2. 6). Tienen que predicar -con palabras y obras- en las plazas, en el trabajo, en la familia, en el mundo. La familia es insustituible. Cuando escondemos la fe, cuando tenemos miedo a manifestarnos cristianos, cuando no damos testimonio… somos sal insípida. Salar e iluminar es nuestra tarea. Contagiar el gusto por las cosas de Dios, echarle a la vida alegría y esperanza. Contagiar ganas de vivir. “Partir tu pan con el que no tiene, no oprimir a nadie, no hablar mal de nadie, hospedar a los sin techo… Desterrar la opresión y el gesto amenazador”. Así, dice Isaías, seremos luz para los demás (1ª lect.). “Salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Papa Francisco, EG 20). MANOS UNIDAS, también, con la Campaña contra el Hambre, nos ayuda a ser mejores a base de ser más austeros, romper egoísmos y compartir. “Es intolerable que todavía miles de personas mueran cada día de hambre, a pesar de las grandes cantidades de alimentos disponibles y, a menudo, simplemente desperdiciados”. (Papa Francisco). “El amor de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14).
