DOMINGO 1º DE CUARESMA. 9-III-14.
DOMINGO 1º DE CUARESMA. 9-III-14.
El próximo jueves, día 13, se cumple un año de la elección del Papa Francisco. En este año nos ha ido dejando palabras, gestos y obras de gran sabor evangélico, queriendo llevarnos a todos a Jesús. Es admirable su “ser” y su “obrar”. Demos muchas gracias a Dios y recemos por él.
Ha llegado la Cuaresma. Dios nos concede este tiempo de gracia, de más intensidad espiritual; el tiempo del combate espiritual.
* Es un camino de renovación hacia la Pascua; la meta es la PASCUA: Cuarenta días para prepararnos para la cita más importante del a o: La celebración de la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios.
* En comunidad: Cada Cuaresma el Espíritu «rejuvenece a la Iglesia» (LG 4).
– ¿Cuál es la MOTIVACIÓN, el motivo decisivo, de la conversión?: La experiencia de sentirnos amados por Dios. Jesús en la cruz es la suprema revelación del pecado en toda su profundidad, pero al mismo tiempo, es la revelación del amor de Dios hecho misericordia. La PASCUA DE CRISTO, es la REVELACIÓN SUPREMA DEL AMOR DE DIOS.
Tenemos delante cuarenta días para confiar en el amor de Dios. Para reflexionar y volver sobre nosotros mismos, para ablandar la dureza del corazón. «Conviértete y cree en el Evangelio». En la “in-creencia” radica el mayor mal. El “consejo” que Jesús nos daba en el Evangelio del Miércoles de Ceniza fue:”’Mira, no seas hipócrita, vive como lo que eres’. Si eres pecador haz lo que hace todo pecador para convertirse: Reza más, hace algún sacrificio, se priva de alguna cosa que le gusta o es superflua, ayuda a los demás, hace limosnas, hace obras de caridad. No vivas para ti, porque el pecado, en el fondo, se centra en el egoísmo” (Card. Bergoglio 2008).
Convertirse significa salir de la autosuficiencia, y dejar entrar a Dios en los criterios de la propia vida; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; buscar una vida nueva. Descubrir la necesidad de los demás y la necesidad de Dios, de su misericordia, de su gracia, de su perdón, de su amistad. Para la conversión es mejor mirar a Cristo que andar dando vueltas a nuestros pecados.
– Contemplemos el evangelio de este primer domingo que es una luz sobre la persona de Jesús. “Fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo”. Jesús VENCIO la tentación. De Él aprendemos a vencer la tentación: tener por cimiento a Dios y como alimento su Palabra. Con Él, no hay tentaciones insuperables. Porque las tentaciones de Jesús se prolongan en cada uno de nosotros: Tentaciones del tener y consumir, del poder y la soberbia, de la vanidad y la vanagloria. El ser como Dios. Unas inducen al egoísmo explícito, a satisfacer los propios deseos; hay tentaciones en directo: la corrupción de la conciencia, el apetito desordenado por una «fruta» prohibida, la traición a la verdad, el aprovecharse del prójimo, un arrebato de venganza… Otras, más refinadas, se presentan bajo apariencia de bien. Ese modo de vivir del ambiente que, como la humedad o la niebla, nos va calando hasta los huesos. El menosprecio de Dios y de la Iglesia, abandonar la fe, dejar de ser cristianos, el materialismo; o la tentación del desánimo, la desesperanza, el “venirnos abajo”; o la tentación de la comodidad y de lo fácil.
Podemos preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida y en mis proyectos?¿Qué espera Dios de mí en esta Cuaresma?
En su Mensaje para la Cuaresma, “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9), el Papa nos recuerda:
“Que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma ‘14).
Contemos con la intercesión de san Francisco Javier. Que Santa María haga camino con nosotros. Ella es la mejor compa era de viaje y la garantía de una Pascua inolvidable.
“No me mueve mi Dios para quererte... el cielo que me tienes prometido. Ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves Señor, muéveme el verte, clavado en una Cruz y escarnecido… Muéveme en fin tu amor y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno te temiera”.
