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¡Tantas veces tenemos a Jesús encerrado en las parroquias con nosotros y nosotros no salimos y no dejamos que Él salga! ¡Abrir las puertas para que Él salga, al menos Él! Se trata de una Iglesia “en salida”: siempre una Iglesia en salida. He pensado en entregarles tres verbos:

 

PERMANECER. Pero no permanecer cerrados, no. Permanecer, ¿en qué sentido? Permanecer con Jesús, permanecer gozando de su compañía. Para ser anunciadores y testigos de Cristo se necesita permanecer sobre todo cercanos a Él. Es a partir del encuentro con Aquel, que es nuestra vida y nuestra alegría, que nuestro testimonio adquiere, cada día, un nuevo significado y una fuerza nueva. Permanecer en Jesús, permanecer con Jesús.
IR. Por favor, jamás una Acción Católica inmóvil. No detenerse: ¡avanzar! Vayan por las calles de sus ciudades y de sus países y anuncien que Dios es Padre y que Jesucristo se los ha hecho conocer, y por esto su vida ha cambiado: se puede vivir como hermanos, llevando dentro una esperanza que no desilusiona. Que haya en ustedes el deseo de hacer llegar la Palabra de Dios hasta los confines, renovando así su compromiso de encontrar al hombre en cualquier lugar se encuentre, allí donde sufre, allí donde espera, allí donde ama y cree, allí donde están sus sueños más profundos, las preguntas más verdaderas, los deseos de su corazón. Allí, los espera Jesús. Esto significa: salir afuera. Esto significa: salir.
ALEGRARSE. Alegrarse y exultar siempre en el Señor. Ser personas que cantan a la vida, que proclaman la fe. Esto es importante: no sólo recitar el Credo, recitar la fe, conocer la fe: proclamar la fe. Decir la fe, vivir la fe con alegría se llama “cantar la fe”, y esto no lo digo solo yo. Esto lo dijo hace 1600 años San Agustín: cantar la fe. Personas capaces de reconocer los propios talentos y los propios límites, que saben ver en las propias jornadas, también en aquellas más oscuras, los signos de la presencia del Señor.
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