5º Domingo de Pascua 2014
QUINTO DOMINGO DE PASCUA (Hch 6,1-7; 1 Pe 2,4-9; Jn 14,1-12)
El Evangelio de este V Domingo de Pascua, tomado del discurso de la Cena, nos llena de alegría porque recuerda todas las riquezas que nos proporciona la fe. Resulta admirable esa delicadeza de Jesús, preocupándose de que no se turbe el corazón de los discípulos. La pasión está cerca: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí».«En la casa de mi Padre hay muchas estancias». Preparará ese sitio mediante sus sufrimientos, su pasión y su resurrección, y nos revelará al Padre. Aquí brilla el amor de Jesús y su generosidad. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1), es decir, hasta prepararles el sitio que les había prometido. Significa «preparar nuestra capacidad de disfrutar, nuestra capacidad de ver, de sentir, de entender la belleza de lo que está por venir, de ese país hacia el cual caminamos» «Y esto, no es alienación:… Ésta es la verdad, esto es dejar que Jesús prepare nuestro corazón” (P. Francisco) Por esto podemos responder confiados: «Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2, 20). Las palabras de Jesús nos dan mucha confianza: «para que donde estoy yo estéis también vosotros». Jesús no nos dejará huérfanos. A través de la fe los discípulos podrán llegar a la morada preparada para ellos en la casa del Padre. Y, gracias al amor, el Padre y Jesús vendrán y pondrán su morada en aquellos que, guiados por el amor, guarden su palabra. Inhabitación. El Paráclito, don del Resucitado, continuará la obra iniciada por Jesús.
En nosotros surgen objeciones, como Tomás: “Señor, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús se propone, se auto-revela: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida». Jesús lo es todo para nosotros.
El cristiano es un ser humano que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse. Cristo es la Palabra que nos ilumina y sostiene en la Verdad aunque estemos rodeados de mentiras; que nos sostiene en el Amor aunque abunde en el mundo el egoísmo, el odio y la violencia; que nos hace amar y defender la Vida, aún en medio de la cultura de la muerte. Al cristiano le corresponde, mientras camina, ir mejorando el entorno por el que pasa.
A la Virgen, Madre del camino, le pedimos que no nos falten las “provisiones” para el camino. Ella» nos antecede con su luz” y «se preocupa de los hermanos de su Hijo que aún peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz» (LG 68 y 62).
