Sacristán de la Parroquia de San Miguel Pamplona,
desde el 19 de Marzo de 1941 hasta el 1 de noviembre de 2006.

“Ser Sacristán fue mi vocación”.
“En 1941 yo vivía en la Meca, pidieron un sacristán y vine”… ”Desde entonces estoy aquí y soy feliz”. Así se expresaba Pascual en una entrevista el 20 de mayo del 2006, al cumplir 83 años.
Tenía pues 18 años cuando comenzó de sacristán. “Mi trabajo ha consistido siempre en servir al pueblo. Ayudar al sacerdote, preparar cada Misa, pasar la bandeja y después, como tienes mucho tiempo, hago las formas (más de 1000 cada día), las corto y preparo los copones. Además, en el invierno, encender y hacer el seguimiento de la calefacción cargandola cada día de carbón, reparar las luces, recaudar y colaborar en la economía, llevar escrupulosamente anotados los estipendios. “Es un servicio de lunes a domingo y se completa los tiempos libres de las tardes con el cobro a domicilio de las cuotas y de los recibos de Cáritas, para no perder el contacto con los feligreses”; ni con los niños los domingos, repartiendo caramelos y recortes.
Un hombre austero, cumplidor fiel, abierto, jovial, trabajador ordenado, dispuesto a atender a cualquiera. “Con respeto y veneración por los sacerdotes, estando a disposición de todos”. “No hay sacristán como él”, declaró un día don Paciente. Era generoso a la hora de compartir con algunas familias necesitadas, tenía buen corazón y amaba a la gente. Y le querían mucho. “Estoy contento aquí, integrado en la gran familia parroquial”. Ser sacristán era su vocación.
La muerte de una persona -siempre dolorosa-, pero que llega a los 91 años, después de haber dado sus frutos, es siempre hermosa; hermosa a los ojos de Dios y de los hombres.
Cuando llevaba muchos años en el oficio le hicieron una larga entrevista en La Verdad:
+ ¿Cuál te parece la condición más importante para ser un buen sacristán?
– Ser un buen creyente -respondió-. Para mi la fe está por encima de todo.
+ Pero la rutina, la repetición… ¿no han producido en ti indiferencia o frialdad?
– No. Por la mañana oigo la primera Misa y comulgo. Esto ya da sentido a todos los trabajos.
+ Y junto con la fe, el servicio:
– “Yo estoy aquí para servir. Servicio total. Servicio a todos. Llevar tantos años, hace que conozca a toda la feligresía. Mi relación es continua. El trabajo hay que hacerlo con alegría. Hoy no se enseña a valorar el sacrificio que siempre será un valor”.
Hoy, queremos presentar a Cristo en acción de gracias, la ofrenda de toda la vida de PASCUAL. Ejemplar en el servicio total a la Parroquia, sin escatimar esfuerzo, tiempo y dedicación. La Parroquia era su familia. Nunca podremos agradecer de manera suficiente todos sus servicios. “Que descanse de sus fatigas, porque sus obras le acompañan” (Ap.5).
Vitori, Alejandra, Flor, le habéis atendido y curado, con cariño, amor, y total dedicación, no como una carga sino con una entrega total. GRACIAS.
“He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día…” (2Tim 4, 6), nos dice san Pablo. Podemos aplicarlo a Pascual, con sus 65 años de servicio como SACRISTÁN. Con santa María, san MIGUEL y todos los santos.
Nosotros esta tarde, fieles laicos, religiosos y sacerdotes, presididos por nuestro Arzobispo, le devolvemos el agradecimiento convertido en oración.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
