Comentario del Evangelio del Domingo 25 del tiempo ordinario 21 de septiembre de 2014

¿Es injusto el amo de la viña? ”¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Una parábola revolucionaria y desconcertante que rompe la lógica humana, así como nuestros criterios de justicia. Nos revela la bondad y la misericordia de Dios, y la gratuidad de su amor. Los caminos y criterios  del Señor son diferentes de los nuestros (1ª lect.).

            Los cristianos no terminamos de creer en este Dios increí­blemente bueno del que habla Jesús. Ese ‘fariseo’ que anida dentro de cada uno de nosotros, se escandaliza de la generosidad de Dios. Nuestros méritos y obras buenas están muy bien. Pero no para comprar a Dios ni la salvación. «Él no nos ama porque seamos buenos, particularmente virtuosos, particularmente meritorios, porque seamos de algún modo útiles o necesarios para Él. Nos ama, no porque seamos nosotros buenos, sino porque Él es bueno. Nos ama aunque no tengamos nada que ofrecerle; nos  ama aunque nuestro vestido sean los harapos del hijo perdido, que no lleva consigo nada digno de ser amado» (Card. Ratzinger). La prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, “siendo todavía pecadores, murió por nosotros” (Rom 5,8). Porque Él nos ama, nosotros somos ‘amables’, dignos de ser amados.

            “Id también vosotros a mi viña”. Cuento contigo. Trabajar en su viña, tanto desde  nuestra vida interior (ser más orantes y más contemplativos, celebrar la Eucaristía, leer continuamente el Evangelio, reflexionar con él); como en la relación con los demás  (vida familiar, colaboración eclesial, evangelización, cáritas; o en el compromiso social por un mundo mejor). “Para mi la vida es Cristo” (en Él encuentro mi fuerza, mi alegría, mi descanso; soy incapaz de vivir sin Él) .”Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio” (2ª lect.).

            Dios llama a todos. Dios llama al corazón de la persona a lo largo de su vida. Se puede “ir a la viña” desde niños,  jóvenes, adultos, o de mayores. El Papa Francisco nos dice que hay que salir y anunciar el Evangelio, salir a las periferias, salir a buscar obreros para la viña del Señor. Este evangelio nos lleva a pensar también en el drama del paro y en el gran bien que supone poder trabajar. La dignidad del trabajo.

            Y Dios paga generosamente, es el mejor de los amos. Poder trabajar en su viña es un inmenso regalo y la mejor paga.

            El papa Francisco nos anima a volver al Señor que nunca defrauda: “Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores” (EG 3).