Comentario del Evangelio del Domingo 26 del tiempo ordinario 28 de septiembre de 2014
Con la imagen de la viña, Jesús nos habla del Reino. Los fariseos están satisfechos de sí mismos; no encuentran nada de qué arrepentirse, no obedecen a Dios en el interior de su corazón. No se convierten con la predicación de Juan ni con la de Jesús. Se creen buenos porque «cumplen» con la Ley. Creernos justos, creernos buenos, sentirnos satisfechos de nosotros mismos, nos impide entrar en el camino de la conversión.
–
Lo que Jesús alaba en los publicanos y prostitutas no es su inmoralidad, sino que han sabido reconocer su pecado, convertirse, y cambiar para acoger la gracia de Dios. Convierten su “no” en un “si”. Otro riesgo nuestro es hablar mucho y hacer poco. ”Obras son amores y no buenas razones”. Tenemos el peligro de quedarnos en las buenas palabras -como el hijo de la parábola-, sin entregarnos en realidad al amor del Padre y al cumplimiento de su voluntad.
–
La parábola es una llamada a la fidelidad del corazón y a la coversión. A profundizar en nuestra identidad como cristianos. San Mateo da mucha importancia a las obras. Condena a ese fariseo que hay dentro de cada uno de nosotros, y a nuestro cristianismo rutinario, hinchado de palabras pero vacío de hechos convincentes. La mediocridad, la relajación, los miedos nunca evangelizan. Ante Dios no cabe vivir de las apariencias ni del “cumpli/miento” que conducen a la hipocresía. La viña se nos ha dado para trabajarla y hacerla fructificar. “La fe sin obras es una fe muerta”. “La paciencia de Dios es nuestra salvación” (2Pe 3,15). Él siempre da otra oportunidad para que nuestro “no” se convierta en “si”. A pesar de nuestras incoherencias no quiere que caigamos en el desánimo ni el desaliento. Porque conoce que, junto al “no”, hay en nosotros buenos propósitos, generosidad, ganas de ser mejores. Necesitamos paciencia con nosotros mismos.
–
¿Qué tipo de respuesta estoy dando a Cristo? ¿A cuál de los hijos me parezco yo?¿tengo algo de los dos? ¿me creo mejor y desprecio a los demás?Jesús espera de nosotros hechos: Arrepentirse, cambiar de vida, responder al amor con buenas obras.»Por sus frutos los conocereis».
–
Por el bautismo hemos sido «injertados» en Cristo, (Rom 6,5). “Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús” (2ª lect.).
Celebrar la Eucaristía es decir SI a Dios. De aquí sacamos fuerza para HACER su voluntad. «Quien celebra la Eucaristía, no lo hace porque sea mejor que los demás, sino porque se reconoce necesitado de la misericordia de Dios». Ella nos urgirá a «salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en ellos el rostro de Jesús». (Papa Francisco, 12-II-14). Para evitar la incoherencia entre lo que creemos y lo que practicamos.
–
Invocamos la protección del Arcangel san Miguel para que nos conduzca hacia el puerto seguro de la salvación.
