DOMINGO 29 T.O. DOMUND. 19-X-14
“¿Es lícito pagar el impuesto al César o no?» Jesús no cae en la trampa. «A Dios lo que es de Dios». Eso es lo más importante, el centro del mensaje en este Evangelio; lo nuevo que introduce Jesús sin que le pregunten. Nada de lo que damos al César hay que quitárselo a Dios. La persona lleva el sello de denominación de origen, la marca y la inscripción de su pertenencia al Creador:“a su imagen y semejanza”. A Dios le debemos todo.
«Al César lo que es del César». Jesús no justifica una visión dividida de la realidad como algunos quieren también hoy día: “Vosotros dad culto a Dios en la vida privada y dejadnos los asuntos de este mundo a los césares actuales”.¡No! El Concilio Vaticano II exhorta a los cristianos a que se esfuercen en cumplir fielmente sus ocupaciones seculares y lo hagan movidos por el espíritu evangélico. No podemos dejar la misión y el compromiso en el mundo. Y el Papa Francisco dice: “Recordemos que el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral”(EG 220). El cristiano tiene que ser también buen ciudadano; una persona que trabaja por el bien común y por la convivencia justa y fraternal.
DOMUND. Del Mensaje del Papa: “Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes… Para ayudar, los fieles se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad. Se trata de una celebración de gracia y de alegría… «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (EG 2). Por lo tanto, la humanidad tiene una gran necesidad de alcanzar la salvación que nos ha traído Cristo. “¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!” (EG 83).
La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Animo, por tanto, a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, fundada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión”.
Nos encomendamos a María, modelo de evangelización humilde y alegre. Recordamos a los misioneros -hombres/mujeres de las Bienaventuranzas-, que gastan su vida al servicio del Evangelio. Nos sentimos orgullosos de ellos y damos gracias a Dios; son parte de nuestra Iglesia, continuadores de la estirpe de Javier. Seamos generosos: “«Dios ama al que da con alegría».
