DOMINGO 30 T.O. DOMUND. 26-X-14

 

Cuenta un relato originario del judaísmo tardío del tiempo de Jesús (Cf Benedicto XVI en Ser cristiano), que un día se presentó un pagano ante rabbí Samay, Jefe de la Escuela Rabínica, y le dijo que estaba dispuesto a convertirse a la religión judía si era capaz de exponerle el contenido de ésta durante el período de tiempo que una persona puede mantenerse apoyada sobre un solo pie.

El rabino recorrió mentalmente los cinco libros de Moisés, tan abundantes en ideas, y toda la interpretación judía (con los 248 preceptos y las 365 prohibiciones). Después de explorar mentalmente todo, al final tuvo que admitir que era incapaz de resumir en un par de frases breves todo el contenido de la religión de Israel.

El extraño personaje que le había hecho aquella petición no se desanimó. Se dirigió a «la competencia», a el otro célebre jefe de escuela, rabbí Hilel, y le hizo la misma petición. Al contrario que el rabino primero, le respondió sin rodeos: «No hagas a tu prójimo lo que a ti te fastidia. Esta es toda la ley. Todo lo demás es interpretación».

Si aquel mismo hombre se presentara hoy ante cualquier sabio teólogo cristiano y le pidiera una breve introducción, de cinco minutos, a la esencia del cristianismo, probablemente todos los profesores le dirían que eso es imposible.

Sin embargo, la historia de los rabinos se repitió, una vez más pero de otra forma, pocos decenios más tarde. Esta vez se presentó ante Jesús un fariseo, experto en la Ley, y le preguntó: «Maestro,¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?». Se trata de la pregunta acerca de lo que el propio Cristo considera «el mandamiento principal y primero». ¿Qué responde Jesús?.

1º) Primacía de Dios. Elige Dt 6,5, el mandamiento del amor a  Dios recitado a diario por los judíos: «Amarás al Señor, tu Dios…» Totalidad de ese amor. El encuentro con Dios es lo más decisivo de nuestra vida. 2º) Citando de nuevo las Escrituras, Lv 19,18, propone un 2º mandamiento , «semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» AMOR A DIOS Y AMOR AL PRÓJIMO.Aquí se contiene todo lo que Jesucristo exige. Quien hace esto -es decir, quien ama- es cristiano, y lo tiene todo. Dios no quiere esclavos miedosos, sino hijos libres.

Pero ¿qué amor?. El amor exige de nosotros que tratemos de amar como Dios ama. La medida del amor es amar sin medida. No se puede amar a Dios cuando se hace imposible la vida a los demás.  «Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. Así, pues, no se trata ya de un «mandamiento» externo… El amor crece a través del amor. El amor es «divino» porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso supera nuestras divisiones» (Benedicto XVI, Dios es amor, 18).