DOMINGO 31 T.O. DOMUND. 02-XI-14
Celebramos en este Domingo, la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Visita a los cementerios. Recuerdo y oración por los que amamos, comunión de los santos. Suave brisa de esperanza.Al valorar hoy tanto en nuestra sociedad la belleza, la juventud, el triunfo social…, nos cuesta integrar la muerte. Nos hacemos la ilusión de que estamos blindados contra el ataque de la muerte. Es el gran tabú del siglo; nos hemos olvidado de que tenemos que morir. En contraste con todas las victorias técnicas, la muerte sigue siendo el jaque-mate al orgullo de nuestras conquistas.
No es cuestión de vivir angustiados. Pero nunca podemos perder de vista el destino final al que camina nuestra vida. Ni podemos dejar de pensar en la muerte y en la vida en Dios de nuestros seres queridos. Nos han precedido con la señal de la fe. Se trata de la fe en la resurrección de Jesús y en la resurrección de los muertos.
Para el cristiano morir es llegar a la meta, porque la muerte es un morir con Cristo para resucitar con Él; un encuentro con Dios que nos quiere con locura. Jesús, en la intimidad de la despedida de sus apóstoles, estando cerca la hora de su muerte, les va abriendo el corazón (Jn 14).»No perdáis la calma. Creed. Tened confianza. Tened seguridad. Creed en Dios y creed también en mi. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mi» Estas palabras son como el testamento del Maestro y la confidencia última del Amigo. Hoy Jesús nos las dice a cada uno de nosotros.
Sí, Cristo es la resurrección y la vida. Esta fe ilumina nuestra experiencia diaria de muerte y resurrección, de pecado y de gracia, de muerte y de vida; también nuestra experiencia de ver morir a las personas queridas. De Cristo resucitado nos viene la fuerza de la esperanza. Para san Pablo, el misterio Pascual de Cristo es el misterio Pascual de los cristianos.
Aprender a morir es parte de nuestro aprendizaje cristiano. Vivir la muerte es ponerse de verdad en las manos de Dios y vivir en su presencia, ponerlo en el centro del corazón y no dejarnos esclavizar por nada de este mundo.Esto se anticipa muriendo al egoísmo. Jesús nos enseña a morir haciendo de la muerte una entrega de nuestra vida; consumirla en amor hasta la muerte: «Nadie me la quita, yo la entrego voluntariamente» (Jn 10, 18).»En el atardecer de la vida seremos examinados en el amor»(S. Juan de la Cruz). «Recuerda que cuando abandones esta tierra no podrás llevar contigo nada de lo que has recibido solamente lo que has dado: un corazón enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor» (San Francisco de Asís). «La mortaja ¡no tiene bolsillos!» (Papa Francisco).
