DOMINGO 16-XI-14

 

La parábola de los talentos pretende exhortarnos a que aprevechemos el tiempo presente mientras esperamos sin miedo el juicio futuro. Al final del año litúrgico es una llamada a la responsabilidad personal, a hacer fructificar los talentos recibidos, ya que de eso hemos de dar cuenta a Dios. Somos administradores, no dueños. Ya en la 1ª lectura se alaba el ejemplo de la mujer activa, hacendosa, que atiende al pobre y al necesitado. Hay un gran contraste entre los que trabajaron sus talentos y el perezoso -«negligente y holgazán»-, que enterró el suyo y además se quejaba de su amo:»Señor sabía que eres exigente…,  tuve miedo y  fui a esconder tu talento bajo tierra» (Evang.).  El miedo paraliza. No debemos demorar las buenas obras (2ª lect.).

Dios nos ha dado unos talentos para hacerlos fructificar pensando en los demás. El tiempo de la vida no es para andarse en lamentaciones y nostalgias. «Puesto que los tiempos son recios, menos lamentaciones y más quehaceres» (Sta. Teresa). No vale vivir instalados  en la pereza, sin hacer nada; menos aún, emplear los talentos de forma egoísta y exclusivamente en nosotros mismos.

Papa Francisco: «Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… es un cristiano… ¡no es un cristiano! La espera del retorno del Señor es el tiempo de la oración y de la acción. Tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo. Es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás. ¿Has pensado en los talentos que Dios te ha dado? ¿Has pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás?»

Podemos llevar una vida de cristianos que no dice nada de Cristo. No vale esconder el tesoro del Evangelio. «Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo…. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades» (EG 49). Una Iglesia encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para  ofrecerle la luz del Evangelio. «Hemos de salir hacia las periferias».

Celebramos agradecidos la Jornada de la Iglesia Diocesana. Dia especial para caer en la cuenta de que formamos una gran familia que es la Diócesis, presidida en la caridad por el Arzobispo Francisco, a la que hemos de amar, apoyar, servir y sostener también económicamente. Paricipar en tu Parroquia es hacer una declaración de principios. La Iglesia necesita tus talentos y tu compromiso económico.¿Por qué no ofrecer tu colaboración a la Parroquia?