Domingo 30-XI-14. Primer domingo de Adviento.
Con el Adviento, comenzamos un nuevo año litúrgico de la mano del Evangelista san Marcos. Dios viene a salvarnos. Rezamos con Isaías, el profeta del Adviento: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!… Aparta nuestras culpas y seremos salvos. Una plegaria que refleja la oleada de insatisfacción y descontento que nos empuja a soñar con un mundo distinto, nuevo, regenerado, mejor.“Si no os dejáis condicionar por la opinión dominante, sino que permanecéis fieles a los principios éticos y religiosos cristianos, encontraréis la valentía de ir también contracorriente” (Papa Francisco). ¡Necesitamos una profunda regeneración moral! Cada año el Adviento nos trae el eco de los profetas, que la Iglesia hace suyo para predicarnos la conversión y la esperanza en el Dios fiel a su Promesa (2ª lect.). Nosotros somos las manos de Dios en el mundo.
«Vigilad”, “velad pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa” (Ev.).Se trata de vivir con esperanza y dando esperanza. Viene el Hijo del Hombre a sanar y salvar, a curar y a redimir. A decir a cada hombre y mujer: Dios te ama. Tú eres amado por Dios.
Salgamos al encuentro del Señor que: Vino – Navidad-. Viene –cada día-. Vendrá -“en gloria y majestad«. Estemos atentos.«Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la feliz esperanza, la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tt 2, 11-13).
El Adviento y la Navidad son una nueva oportunidad de gracia que te ofrece Jesús. Él está a la puerta de tu corazón y te está llamando (Ap.).¡Párate, sosiégate! BUSCA A DIOS EN EL SILENCIO. Deja que Dios venga y entre y te cambie por dentro.
La película “El gran silencio”, ¿te acuerdas? No habla del silencio sino que nos muestra, sin palabras, la vida silenciosa de los monjes. No es un silencio vacío: les absorbe el diálogo interior y la fascinación de Dios: «¡Me has seducido, Señor!». Al final, el monje ciego dice con tono de plegaria: “Cuanto más te acercas a Dios, ¡más feliz eres! Esa es la finalidad de nuestra vida. Te acercas a Dios … y, prácticamente, no debes temer a la muerte. Él es un ser infinitamente bueno, siempre busca nuestro bien. Y de todo lo que nos ocurre, no hay por qué preocuparse. El mundo ha perdido el sentido de Dios. Es una lástima, porque ya no les queda razón para vivir. Si suprimes el pensamiento de Dios, ¿para qué vivir?. Dios es infinitamente bueno y todo lo que hace es por nuestro bien. Por eso, hay que estar siempre feliz. Un cristiano jamás debe estar triste, porque todo lo que le ocurre lo quiere Dios, y ocurre por el bien de su alma. Eso es lo más importante. Dios es infinitamente bueno, todopoderoso, y nos ayuda. Hay que amar eso y ser feliz”.
