1 DE FEBRERO DE 2015 DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
Jesús se nos muestra hoy como un Maestro incomparable, con poder divino para librar a endemoniados, e investido de una autoridad fascinante; es el Hijo de Dios, a quien el Padre le ha entregado todas las cosas. Por eso perdona los pecados que sólo Dios puede perdonar, cura enfermos y resucita a los muertos y somete a los espíritus inmundos. Fue a la sinagoga y en sábado, a enseñar. Su palabra convence y libera. Hace salir el mal y restituye la dignidad humana. Los Evangelistas resaltan el dominio de Jesús sobre el mal, sobre el pecado y sobre la muerte. Hasta el punto de que «su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea». «Quedaron asombrados». San Marcos subraya el asombro y la admiración de los oyentes de Jesús ante la doctrina que predicaba, ante su poder contra el demonio y ante la inefable autoridad de su manera de actuar.
Hablando de Jesús dice Romano Guardini: «Si alguien nos preguntara: ¿Qué es seguro? ¿Tan seguro que podamos entregarnos a ello a ciegas? ¿Tan seguro que podamos enraizar en ello todas las cosas? Nuestra respuesta es: El amor de Jesucristo…». «Sólo por Cristo sabemos a ciencia cierta que Dios nos ama y nos perdona».
Jesús presenta en Cafarnaún la expulsión de demonios como un signo de la era mesiánica, ante la oscura presencia del mal y del Maligno en el corazón del hombre y en el seno de la sociedad. Con la autoridad del servicio y la liberación que le da la fuerza del Espíritu y el amor a todos. No sólo habla de Dios sino que habla como Dios.
La Palabra de Dios es como un espejo. Mirándome en ella descubro: «Yo soy ese poseso a quien Jesús quiere liberar». Jesús conoce las zonas oscuras del corazón: avaricia, indiferencia, chismorreos, crítica, pereza, egoísmo, odio. Espíritus y zonas oscuras dentro de nosotros. Jesús dice: «Cállate y sal fuera». Estoy aquí para sanarte, para liberarte. Tengo autoridad y poder para hacerlo. El poder de Cristo quiere liberarnos a los que, como el poseso del Evangelio, nos sentimos satisfechos de nosotros mismos y de nuestro modo de vivir. A todos sus seguidores nos quiere con un corazón convertido y madurado por la compasión solidaria: «Proclamad que el reino de Dios está cerca: curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios». Todos, celibes o casados (2ª lect.), estamos llamados a evangelizar, a servir a la vida, a ayudar a vivir. Cristo cuenta con nosotros, para vencer el mal a base de bien.
Próximos viernes y domingo: Campaña contra el Hambre de Manos Unidas: «Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?».
