4º Domingo de Cuaresma. 15 de marzo de 2015.

 

Toda la Cuaresma converge hacia el Crucificado. Él es el signo que el Padre levanta en medio del desierto de este mundo. Se trata de mirarle a Él; de mirarle con fe, con una mirada contemplativa y con un corazón contrito y humillado. Es el Crucificado quien salva. El que cree en Él tiene vida eterna. En Él se nos descubre el infinito amor de Dios, ese amor increíble, desconcertante.

 

Hoy, el Evangelio nos ofrece una de las frases más bellas y reconfortantes de la Biblia: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». Este amor hace decir a san Pablo. «…por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por nuestros pecados…» (2ª lect.)

 

La definición más grandiosa de Dios, divinamente inspirada, es: Dios es Amor (1 Jn 4,8).»Como la flor del almendro es la primera en florecer, así el Señor, nos ‘primerea’ en el amor». San Agustín exclama: «Aunque no se dijera nada  más en las páginas de la Escritura y solamente oyéramos de la boca del Espíritu de Dios que Dios es amor, ya sería suficiente; nada más deberíamos buscar». El corazón de la fe cristiana  comunica al creyente que existe un Dios que ama. Y porque nos ama, busca hacernos partícipes de su misma vida divina: «Si alguno me ama, …» (Jn 14, 23).

 

El punto de apoyo de esa seguridad es la resurrección de Jesús, la Pascua de Jesús. La fuerza y la luz nos vienen del amor Crucificado de Jesucristo. En la cruz no hay teorías ni discursos hermosos. «La Cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón. Y ¿el juicio?. También juicio: Dios nos juzga amándonos. Recordemos esto: Dios nos juzga amándonos. Si acojo su amor estoy salvado, si lo rechazo me condeno, no por Él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, Él sólo ama y salva». ( … ) «La palabra de la Cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal a base de bien, tomando sobre sí la Cruz, como Jesús» (Papa Francisco).

 

La Pasión y Muerte de Cristo es la aventura de amor más grande de la historia: la mayor historia de amor de todos los tiempos. ¿Qué más podía hacer Dios por tí?, ¿por nosotros?. Este amor exige de nosotros que tratemos de amar como Dios ama; que no amemos solo a las personas simpáticas o que nos agradan; a aquellas que nos caen bien; ni amemos únicamente a quienes tienen algo que ofrecernos o nos reportan algún beneficio. Hemos de ser buenos con quien tiene necesidad de nuestra bondad.

El próximo jueves, es la Solemnidad de san José, patrón de la Igesia y patrón del Seminario. Fue fiel custodio de María y de Jesús. Teresa de Jesús nos enseña a celebrar, rezar  y confiar en san José.  12