DOMINGO DE RAMOS
Domingo de Ramos: alegría, cruz y juventud. (Cf. Papa Francisco). Entrada de Jesús en Jerusalén. Es una bella escena, llena de luz, de alegría, de fiesta.También nosotros la repetimos. Agitando nuestras palmas, nuestros ramos de olivo, cantamos: «Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel».
ALEGRÍA: «No seáis nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; de saber que, con Él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables…, y ¡hay tantos! Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que Él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Llevemos a todos la alegría de la fe».
CRUZ. Miremos qué tipo de rey es Jesús, montado en un pollino, y que entra para subir al Calvario; y quienes son las personas que le acogen, gente humilde, sencilla. Ve en Jesús al Salvador. Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. ¡Cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también –cada uno lo sabe y lo conoce– nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. «La cruz de Cristo, abrazada con amor, no conduce a la tristeza, sino a la alegría.»
JÓVENES: «Os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús». Nos traen la alegría de la fe y nos dicen que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre, incluso a los setenta, ochenta años. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y vosotros no os avergonzáis de su cruz». «¡Los jóvenes deben decir al mundo: es bueno ir con Jesús! ¡es bueno andar con Jesús! ¡es bueno el mensaje de Jesús! ¡es bueno salir de sí mismos, ir a la periferia del mundo y de la existencia para llevar a Jesús! Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes».
La Virgen nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida». Para vivir la Semana Santa en los templos, participando en las celebraciones litúrgicas; en las calles, con los desfiles procesionales; y, siempre, en el corazón, en oración y alabanza, en diálogo con Dios.
