2º DOMINGO DE PASCUA

 

Octava de Pascua, fiesta de la divina Misericordia.  El Papa Francisco, cuyo lema es «miserando et eligendo» -con ojos de misericordia-,  acaba de convocar, en el 50 Aniversario de la Clausura del Cocilio Vaticano II, un Año Santo extraordinario, el Jubileo de la Misericordia. «¡Este es el tiempo de la misericordia. Hay tanta necesidad hoy de misericordia!». Ya nos lo dijo en el primer rezo del Ángelus después de su elección: «Al escuchar misericordia, esta palabra lo cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia» (17-III-13)

 

Jesús es «el Señor» y trae, a su vuelta de la cruz y de la muerte, los dones pascuales. Primero la paz, que es Él mismo. Atrás quedan olvidadas la negación y la huida. Además, la alegría, el perdón de los pecados, el don del Espíritu Santo. Exhala su aliento sobre ellos y les otorga el Espíritu de su propia misión. Con este don transforma radicalmente a los discípulos y les encomienda la evangelización. Los apóstoles quedaron totalmente transformados. Estaban muertos de miedo y el Espíritu de Jesús los hizo hombres valientes hasta dar la vida por Jesús; eran ignorantes y el Espíritu Santo les dio tanta lucidez, que ya su vida fue una entrega total a Cristo.

 

La fe es uno de los temas centrales de este domingo.»Que por la fe tengáis vida gracias a Él» (Evang,) El Resucitado es el Crucificado. De labios de Tomás, antes incrédulo y ahora creyente, brota la más alta profesión de fe de todo el NT: ¡Señor mío y Dios mío!. Hazla tuya y repítela a Jesús  con el corazón rendido.»Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Evang.). El evangelio que comienza diciendo:»En el principio era el Verbo», acaba proclamando: «Jesús es el Hijo de Dios».

 

«Aquel día, el primero de la semana» (Evang.), el Domingo:  día del ENCUENTRO con el Señor Resucitado. «Signo de identidad cristiana» (NMI 35-36); un día que identifica al cristiano.Hay que apostar por el Domingo. Y motivar a favor del domingo cristiano a las generaciones jóvenes. Un domingo sin Misa no es domingo. El enfriamiento de la fe tiene su termómetro en la ausencia de la Eucaristía dominical. Recuperar el Domingo es vivir según el domingo: Liturgia y fraternidad. La vida comunitaria. «Todos pensaban y sentían lo mismo», «nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía» (1ª lect.). Vivían unidos en el amor. El domingo, día del Señor Resucitado, día de la caridad, día de  la alegría de los Redimidos, día de la Iglesia, del descanso como liberación, la fiesta, la espera escatológica. Y la Eucaristía, Presencia del Señor y gracia; motor de todo apostolado. «Anunciaban con entusiasmo la Resurrección del Señor».