5º Domingo de Pascua
Estamos enraizados en Alguien que nos da fuerza, estabilidad y produce frutos. «Vid, sarmientos, permanecer, poda, son palabras clave en el Evangelio de hoy. Sin unión con Cristo imposible dar fruto. «Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto». La vida es Cristo. Ser cristiano es «vivir en Cristo». San Pablo repite esta expresión más de cincuenta veces. Dejar que Cristo nos viva desde dentro, se apodere de nuestra vida y la continúe en la suya, en un amor oblativo al Padre y a los hermanos. De esta vida nacen frutos abundantes.
«Sin Mi no podéis hacer nada». El fruto del sarmiento depende de su unión con la vid. «Permaneced en mí y yo en vosotros». San Pablo nos dice que lo que cuenta es la fe que actúa por medio del amor (Cf Ga 15,6;12,20). La fe nos une a Jesús, hace vivir a Jesús en nosotros y a nosotros en Él, y produce una vida de amor. San Juan nos ha dicho: «este es su mandamiento, que creamos… y que nos amemos»(2ª lect.). La fe y el amor están íntimamente unidos entre sí. El fruto principal que deben dar los sarmientos unidos a la vid es el amor. «No amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad» (2ª lect.).Una vida de amor que nos impulsa a amar.
Y la poda: «A todo sarmiento mío que da fruto, el Padre le poda para que dé más fruto». La poda la practican los agricultores para que el sarmiento dé más fruto. Los contratiempos, la dificultad, el obstáculo que hemos de superar, harán que se produzca la poda. Y qué necesario podar la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza, comodidad, que impiden la unión con Dios y con los hermanos; que impiden dar frutos. Conversión permanente. «Ámame más, Señor, para quererte./ Pódame más, para más florecerte./ Enséñame a acoger, para esperarte./ Mírame en todos, para en todos verte» (P. Casaldáliga). La savia de la Eucaristía nos alimenta para vivir.
Al leer la segunda lectura, pensamos en el AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA, que el Papa Francisco nos ha regalado. «¿Por qué hoy un Jubileo de la Misericordia?, se preguntaba el Papa: «Simplemente porque la Iglesia, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios». Ir a lo esencial. Y ser signo e instrumento de la misericordia del Padre. Saber descubrir los muchos signos de la ternura que Dios ofrece al mundo entero y sobre todo a cuantos sufren, se encuentran solos y abandonados, y también sin esperanza de ser perdonados y sentirse amados por el Padre. Un Año Santo para convertirnos todos en testigos de misericordia. Que se redescubran «las obras de misericordia espirituales y corporales para despertar nuestra conciencia». Continuaremos. A la Reina y Madre de Misericordia, se lo encomendamos.
