Eucaristía por los Emigrantes muertos en el Mediterráneo Parroquia de san Miguel de Pamplona, 8-V-2015
Homilia
Hacemos nuestras las palabras del Papa Francisco, el día 19 de abril: «Una nueva tragedia en las aguas del Mediterráneo… Expreso mi más sentido dolor ante tal tragedia y aseguro a los desaparecidos y sus familias mi recuerdo y mi oración.
Dirijo un apremiante llamamiento para que la comunidad internacional actúe con decisión y rapidez, para evitar que similares tragedias se repitan. Son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras, buscan una vida mejor. Buscaban la felicidad… Os invito a rezar en silencio y después todos juntos por estos hermanos y hermanas». (19-IV-15)
En medio del dolor y la impotencia nos encontramos aquí esta tarde, como comunidad cristiana en Pamplona, queriendo estar cercanos con vosotros los africanos, y solidarios con los familiares y amigos de los fallecidos. Para los difuntos ofrecemos la Eucaristía pidiendo a Dios por su eterno descanso. Rezamos por todos los muertos en el Mediterráneo en las condiciones que ya conocemos. Que no olvidemos la situación de guerra y de pobreza que tantos Africanos y -del Oriente Medio- están sufriendo.
Desde el año 2000 hasta ahora, casi 25.000 personas han muerto en el Mediterráneo. Con razón nos dijo el Papa en Lampedusa: «Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’. La globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar».
Como él nos pide: Deseamos responder a la «indiferencia globalizada» con la globalización de la caridad, siendo conciencia crítica y voz para que los responsables de las políticas del mundo puedan actuar con justicia y equidad, respetando los derechos de las personas y los tratados internacionales.
Queremos gritar con fe que es posible un mundo más justo, sin mirar a otro lado ante las tragedias humanas.
Recordemos al Papa en el Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014:
» … No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda …, con legislaciones adecuadas que tutelen los derechos de los ciudadanos europeos y garanticen al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes»; con «politicas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo socio político y a la superación de sus conflictos internos -causa principal de este fenómeno-«. «Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos»
Queremos ser una Iglesia sin fronteras que va contracorriente.
También tenemos que dar gracias a Dios por las vidas que se salvan, por tantos trabajadores: Servidores del Orden Público, voluntarios cristianos y gente de buena voluntad que ayudan a superar este drama y acogen a los supervivientes. A toda la Iglesia con sus delegaciones para los emigrantes, que, se desviven por intervenir y sensibilizar al pueblo de Dios y a toda la sociedad. Queremos colaborar con todas las Organizaciones y grupos que trabajan por hacer un mundo más justo.
El Papa Francisco comenta: «los migrantes me plantean un desafío particular… por ser pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos» (cf. EG).
Nos sentimos plenamente identificados: a nosotros también nos supone un gran desafío y se nos conmueven las entrañas con sentimientos de dolor y de ternura ante ellos. Hemos de agradecer al Papa Francisco su apoyo decidido y sus intervenciones para animar a todos a intervenir decididamente en estos problemas. Cuando el Papa dice en Lampedousa «es una vergüenza» el trato dado a los inmigrantes, todos le entendemos y nos sentimos interpelados por la valentía con que él se expresa.
«Tenemos el reto de ejercer una caridad más profética» «La opción preferencial por los pobres es puro evangelio. La doctrina Social es parte integrante del Evangelio» (PFco). De ahí el ayudar y luchar contra las causas de la pobreza.
En esta celebración queremos orar y gritar en silencio, con fe, que no podemos olvidar a los muertos en el Mediterráneo y la situación de injusticia en la que sufren tantos millones de hermanos nuestros. Oramos también por los muertos en Nepal, a causa del seísmo, y por tantos muertos en las guerras de hoy.
Acaban de decirnos los Obispos Españoles:
«El acompañamiento a las personas es básico en nuestra acción caritativa . Es necesario «estar con» los pobres – hacer el camino con ellos– y no limitarnos a «dar a» los pobres recursos (alimento, ropa, etc.). El que acompaña se acerca al otro, toca el sufrimiento, comparte el dolor. «Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo».
La cercanía es auténtica cuando nos afectan las penas del otro, cuando su desvalimiento y su congoja remueven nuestras entrañas y sufrimos con él. Ya no se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solucionarlos desde dentro. Por eso, si queremos ser compañeros de camino de los pobres, necesitamos que Dios nos toque el corazón; sólo así seremos capaces de compartir cansancios y dolores, proyectos y esperanzas con la confianza de que no vamos solos, sino en compañía del buen Pastor. (CEE. IGL. SERVIDORA POBRES: nº 47)
Jesús, además de las Bienaventuranzas y la Nueva Ley del amor, nos enseña el «protocolo» sobre el que seremos juzgados: porque al final del mundo seremos juzgados. ¿Y qué preguntas se harán allí? ¿Cuáles serán estas preguntas? ¿Cuál es el protocolo sobre el que se juzgará? Es lo que encontramos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo; evangelio que hemos proclamado hoy.
No tendremos títulos, créditos o privilegios para situarnos. En el momento del Juicio, el Señor nos reconocerá si nosotros lo hemos reconocido en el pobre, en el hambriento, en el indigente y marginado, en quien sufre y está solo. SEREMOS JUZGADOS EN EL AMOR.
Y este es también uno de los criterios para verificar si nuestra vida es o no cristiana.
ENCENDEMOS ahora el CIRIO PASCUAL:
La luz de CRISTO RESUCITADO, en la fe y de la esperanza para iluminar el camino de los inmigrantes; un camino que va desde el mar hasta el cielo. desde la muerte hasta la vida. Pedimos por la sociedad y por la Iglesia para que no seamos indiferentes ante estos dramas.
Que la LUZ DE CRISTO ilumine una tierra hermosa y fraterna, donde todos, hombres y mujeres, podamos vivir en paz. en justicia y en dignidad.
Cantamos: El Señor es mi luz y mi salvación…
