Solemnidad de la Ascensión del Señor 17 mayo 2015.
«Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (Evg.). La vida terrena de Jesús culmina con el acontecimiento de la Ascensión. Celebramos el triunfo de Jesús y nuestro triunfo; ha cumplido su misión. Ha sido exaltado por el Padre y le ha concedido el nombre sobre todo nombre. Jesús sube al cielo y nos lleva con Él a nosotros, redimidos por Él.
Con su Ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles, y también nuestra mirada, a las alturas del Cielo para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. La Ascensión introduce en nosotros una gran esperanza. No indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él vive en medio de nosotros de un modo nuevo.
«Jesús permanece presente y operante en las vicisitudes de la historia humana con la potencia y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: Nos acompaña, nos guía, nos ilumina, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados; está cerca de cada hombre y mujer que sufre. ¡Está cerca de todos nosotros! ¡El Señor está con nosotros!» (Papa Francisco).
Jesús también está presente mediante la Iglesia, a la que Él ha enviado a prolongar su misión.»Id al mundo entero y proclamad el evangelio…» (Mc 16,15). La comunidad cristiana es una comunidad «en salida», una comunidad «en partida» (Evang.). «Somos invitados a salir de la propia comodidad y a atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio» (EG 20)
Dios nos llama a ser sus testigos, discípulos misioneros. Tenemos que predicar -con palabras y obras- en las plazas, en el trabajo, en la Universidad, en la familia, en el mundo. Jesús sabe que nosotros solos no somos capaces de dar testimonio. Por eso, hace la promesa: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos…» (1ª lect). Solos, sin Jesús, ¡no podemos hacer nada! Necesitamos que el Espíritu Santo nos comunique «parresía», coraje, entusiasmo y santidad para ofrecer el Evangelio. Santificarse en el mundo y santificar el mundo, transformándolo según el designio de Dios. ¿Hago yo algo para que el laicismo no imponga su ley en mi ambiente, entre nosotros?¿Qué estoy haciendo por anunciar el Evangelio?¿En qué me comprometo cada día para que Jesús y su Evangelio no sean eliminados de nuestro mundo? Además, podemos «abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales… Curar heridas, aliviarlas, vendarlas y curarlas con la solidaridad» (Bula Jubileo 15) Las obras de misericordia; frente a la «globalización de la indiferencia», la «globalización de la caridad».
La Ascensión es un estímulo para ascender en santidad. El encargo del Maestro es que vuelvan a Jerusalén y esperen la venida del Espíritu para ser sus testigos. Preparemos intensamente la fiesta de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. La Iglesia la dirige el Espíritu Santo.
