Domingo 7 de junio de 2015. Fiesta del Corpus, La Verdad

 

«Esta es la sangre de la Alianza que hace el Señor con vosotros» (1ª Lect.) Desde el principio del cristianismo, la Eucaristía es fuente y el culmen de toda la vida de la Iglesia (Cf. LG 11). Con el Concilio Vaticano II proclamamos: «Nuestro Salvador en la Ultima Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vinculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera» (SC 47).»Y es que en la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia» (PO 5). Sí, la Iglesia no se construye a sí misma; vive de Cristo, vive de la Eucaristía. Lo recuerda el Papa Francisco: «Palabra y pan en la misa se convierten en una sola cosa, como en la Última Cena, cuando todas las palabras de Jesús, todos los signos que realizó, se condensaron en el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz, anticipo del sacrificio de la cruz, y en aquellas palabras: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo… Tomad, bebed, ésta es mi sangre»».

 

Todos nosotros vamos a misa porque amamos a Jesús y queremos compartir, en la Eucaristía, su pasión y su resurrección; escuchar su Palabra e imitar su vida, en el amor y en la ofrenda de nuestra vida. Hay indicadores muy concretos para comprender cómo vivimos la Eucaristía:

 

1) Nuestro modo de mirar y considerar a los demás.¿La Eucaristía, me lleva a sentir a todos  como hermanos?¿Me impulsa a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús?

 

2) Sentirse perdonados y dispuestos a perdonar.

 

3) La relación entre la celebración eucarística y la vida. La Eucaristía es una acción de Cristo, un don de Cristo. Una celebración puede resultar exteriormente bellísima, pero habrá fracasado si no nos conduce al encuentro con Jesucristo, que quiere entrar en nuestra existencia e impregnarla con su gracia, para que se de la coherencia entre liturgia y vida. La Eucaristía debe continuar en la vida.

 

Fiesta del Corpus Christi, presencia real y permanente de Cristo. Procesión con el Santísimo. Gratitud y adoración. Y Día de la Caridad: Junto a la procesión eucarística, «la otra procesión», la de Cáritas: pobres, parados, necesitados, desfavorecidos, sin techo, sufrientes… «Dadles vosotros de comer… Conmigo lo hicísteis», dice el Señor. El Papa acaba de recordar:»Cáritas es la Iglesia. Sin el amor de Cristo el servicio de Cáritas, así como sus estrategias y planificaciones se quedan vacías» «La raíz de todo el servicio de Cáritas está en la acogida, sencilla y obediente, de Dios y del prójimo. Esta es la raíz. Si se quita esta raíz, Cáritas muere».