Domingo 24 T.O. (13 de Septiembre 2015)
El episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de san Marcos. Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?». Hoy, si le dejamos, nos interpela y compromete también a nosotros: «y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». ¿Quién es Jesús para mi? Es preciso que volvamos al Evangelio y al Jesús del Evagelio y del N.T. «Recibamos el Evangelio. Volvamos al Evangelio. Es por el Evangelio, según el Evangelio como seremos juzgados…, según las palabras de Jesús, los ejemplos de Jesús, los consejos de Jesús, las enseñanzas de Jesús» «Se trata de leer y releer incesantemente el Santo Evangelio, para tener siempre ante la mente los actos, las palabras, y pensamiento de Jesús, a fin de pensar, hablar, actuar como Jesús» (Carlos de Foucauld, 1912). Si no vivimos el Evangelio, Jesús no vive en nosotros. Es la insistente invitación del Papa Francisco, cuando incluso, «nos invita a llevar los Evangelios en el bolso o en el bolsillo» para rezar con ellos constantemente.
Jesús nos pide hoy una respuesta personal y comprometida. Nos invita a «mojarnos», a definirnos. Porque, «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un Acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida» (Benedicto16).
Para Jesús es importante que sus discípulos reconozcan su verdaera identidad y capten bien el Misterio que encierra su persona. Pedro confiesa:»Tú eres el Mesías (el Cristo, el Ungido)». Para mayor certeza, Jesús «empezó a instruirlos», «se lo explicaba con toda claridad» (Evang.). Les anuncia la pasión y resurrección del Hijo del Hombre. Un mesianismo que coincide con el Siervo Sufriente de Isaias, entregado al servicio de Dios (1ª lect.). Pedro no puede entender. Jesús lo increpa y duramente lo llama «Satanás». «Tú piensas como los hombres no como Dios».
¿Y nosotros, tú y yo? Afirmamos convencidos que «Jesús es Dios». Pero, ¿amamos a Jesús sobre todas las cosas o está nuestro corazón ocupado por «otros dioses» (nuestros ídolos), en los que buscamos seguridad, bienestar o prestigio? ¿Qué estamos dispuestos a privarnos o a renunciar por el Señor? (una hora de mi tiempo para regalarla a los demás; o para ofrecerla al servicio de la Parroquia; o a una tarde para estar con un enfermo; a un rato de TV para dedicarlo a la oración; etc). Confesar la «divinidad» de Jesús conlleva que El significa mucho en nuestras vidas.
¿Por qué dedicamos tan poco tiempo a leer, meditar el Evangelio? ¿Por qué escuchamos tantos mensajes y consignas antes que el Evangelio de Jesús?Y una pregunta muy elemental: ¿Cuanto tiempo dedico cada día a hablar de Jesús a los demás: en la familia, en la tertulia con los amigos, en el ambiente donde me muevo?¿Qué piensan de Jesús en tu ambiente?¿Qué dicen de Jesús vuestros hijos? ¿Cómo piensan? No es fácil, pero es urgente ser discípulos misioneros.
Es cómoda una fe sin obras. Creer es comprometerse. La salvación de Cristo pasa por la cruz y la fe en Él se expresa en el amor práctico: la fe si no tiene obras está muerta (2ª lectura).
