Comentario al Evangelio 3-10-2015

 

Desde Dios se entiende el matrimonio. Hombre y mujer, iguales en dignidad. «Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre»: unión en una sola carne,  hechos para amarse y ayudarse.Comunidad de vida y de amor. Fidelidad. Indisolubilidad. Amor fecundo.

 

   «El amor no pasa nunca«. ¿Es posible amarse ‘para siempre’? –dijo el Papa– No es sólo cuestión de «tiempo» sino de «calidad». El Papa Francisco, con profundo sentido pastoral, de buen Pastor, está siendo muy valiente al poner en primer plano a la familia y los problemas de la familia. Ha convocado el Sínodo para que revisemos los problemas reales, y busquemos entre todos respuestas y soluciones, tratando de proteger a los más débiles y maltratados, a tantos que sufren,  a pesar de que esto ha suscitado ciertos miedos. Nos toca rezar con confianza.

 

El Papa nos da tres claves: «permiso», «gracias», «perdón».

 

1º, «permiso». Es la petición amable de entrar en la vida del otro con respeto y atención, sin ser invasores. Esperar que el otro abra la puerta de su corazón. «Permiso, ¿puedo hacerlo? ¿Te gusta que lo haga así?». Es un lenguaje educado, lleno de amor. Y esto hace mucho bien a las familias.

 

2º, «gracias». Gratitud, reconocimiento: la dignidad de la persona y la justicia social pasan ambas por esto. La gratitud, además, para un creyente, está en el corazón mismo de la fe: un cristiano que no sabe dar gracias es alguien que ha olvidado el lenguaje de Dios. «La gratitud es una planta que crece sólo en la tierra de almas nobles».

 

3º, «perdón». Palabra difícil, es verdad, sin embargo tan necesaria. En la vida cometemos muchos errores, nos equivocamos tantas veces. Todos. De ahí la necesidad de decir: ‘perdona’. En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar al otro para justificarse. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres.  No por casualidad en la oración que nos enseñó Jesús, el «Padrenuestro», rezamos: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 12). Reconocer el hecho de haber faltado, y mostrar el deseo de restituir lo que se ha quitado —respeto, sinceridad, amor— hace dignos del perdón. Muchas heridas de los afectos, muchas laceraciones en la familias comienzan con la pérdida de esta preciosa palabra: «Perdóname». En la vida matrimonial se discute, a veces incluso «vuelan los platos», pero os doy un consejo: nunca terminar el día sin hacer las paces… Sólo un pequeño gesto, algo pequeño y vuelve la armonía familiar. Basta una caricia, sin palabras. Pero nunca terminar el día en familia sin hacer las paces. (Papa Francisco 13-V-15. Cfr. catequesis completa en «Papa Francisco y la familia», Edit. Vaticana, p. 490 y ss.).