Domund. Dom. 29 TO/B – 18-10-15

 

«Misioneros de la misericordia», es el lema del DOMUND. Todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. La misión consiste en poner a todos, sin excepción, en una relación personal con Cristo. La pasión del misionero es el Evangelio (1 Cor 9,16). Hablar del amor de Dios que quiere salvar a todos. Para nosotros, la Jornada del DOMUND es una llamada para que nos comprometamos con la misión, con oraciones y gestos de solidaridad. Y para dar gracias a Dios por los misioneros. Los recordamos con admiración y gratitud y rezamos por ellos. Son 13.000 los misioneros/as españoles; unos 800 navarros. Por  amor a Dios y por amor a los hijos de Dios.

 

Dice el Papa en el Mensaje de este año:»¿Quiénes son los destinatarios privilegiados del anuncio evangélico?». La respuesta es clara y la encontramos en el mismo Evangelio: los pobres, los pequeños, los enfermos, aquellos que a menudo son despreciados y olvidados, aquellos que no tienen cómo pagarte. Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (EG 48).

 

En el Evangelio de hoy, los apóstoles piensan todavía que Jesús es un líder terreno y pretenden, por ser de los suyos, tener derecho a un puesto de encumbramiento. «Los otros diez al oir aquello se indignaron», (quizás porque cada uno de ellos pretendía lo mismo). Jesús les hace ver que la verdadera grandeza de la vida no consiste en el poder, ni en el prestigio, ni en los privilegios… sino en el servicio; que el verdadero encumbramiento y la auténtica prioridad es la prioridad del amor, la prioridad del servicio. Ante Dios el más grande es el que más sirve, el que más y mejor se ocupa del bien de los demás. El Reino de Dios no funciona al estilo de los reinos de la tierra, en los que «los jefes los tiranizan y los grandes los oprimen». Aquí es al revés: «Vosotros nada de eso: El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar la vida». «No se sirve a la ideología, sino a las personas».

 

Esta es la Buena Nueva, que los cristianos hemos recibido y que hemos de llevar por el mundo entero. Con obras y palabras. En Filadelfia contaba el Papa cómo una Santa (Catalina Drexel) cuando le habló al Papa León XIII de las necesidades de las misiones, el Papa –era un Papa muy sabio– le preguntó ‘intencionadamente’: «¿Y tú?, ¿qué vas a hacer?». Esas palabras cambiaron la vida de Catalina, le recordaron el bautismo y la misión que había recibido. Uno de los grandes desafíos de la Iglesia en este momento es fomentar en todos los fieles el sentido de la responsabilidad personal en la misión de la Iglesia… como discípulos misioneros, como fermento del Evangelio en el mundo. «¿Y tú?»¿Cuál es hoy tu respuesta, tu compromiso». Ojalá hagamos nuestro el compromiso de M. Teresa de Calcuta: «Soy la mujer más feliz de la tierra sirviendo a mis hermanos los miserables. Sólo me duele su dolor».