Domingo XXXII T.O. – B
DOMINGO 32 TO/B. 8-XI-15
Gran contraste en dos escenas. 1ª) severa crítica de Jesús: «¡Cuidado con los escribas!». Avaricia, vanidad y vanagloria. Son los «queda‑bien», vacíos. Jesús no soporta su afán de ostentación, figurar y sobresalir. Guías del pueblo que desorientan (falsa religiosidad de los escribas). ¡Ojo!, porque también nosotros llevamos dentro un fariseo. No caigamos en la tentación. Todo el que vive ante sí y para sí, termina sacrificando a los demás en aras de su yo. 2ª) Elogio a la generosidad, la viuda pobre; se mueve en la gratuidad. Ofrece a Dios dándose a sí misma: su gesto no pasa desapercibido para Jesús que llama a los discípulos para que aprendan a no dejarse llevar por las apariencias y a saber mirar el corazón. Saber mirar es saber amar.
Jesús, valora el gesto de la viuda: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie». No se trata solo de dar de lo que sobra, sino aún aquello que se necesita para vivir. Y Jesús alaba su actitud: «Ha dado todo lo que tenía para vivir». Compartir de lo propio y dar con generosidad. La viuda pobre se está entregando a sí misma. Como Cristo que salva «con el sacrificio de sí mismo» (2ª lect.) «La viuda echó para el Señor todo lo que tenía ‑qué imprudente, diríamos nosotros hoy‑, y no le faltó lo necesario para vivir» (Ant.Vísp.). En toda relación con Dios, sólo cabe la lógica del don total. El amor si no es total, no es amor; amar con calculadora no es amar. Vivir amando y sirviendo solo lo podemos conseguir sintiéndonos amados por Dios.
Esta mujer se desprende de todo, confiando totalmente en Dios. En las viudas de las dos lecturas no hay interés, ni avaricia, sólo hay confianza en Dios y generosidad.
«La fe actúa por el amor» (Ga 5,6), se testimonia con la caridad: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?» (St 2, 14‑18). La fe y el amor se necesitan mutuamente. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. Ser cristiano es ser aprendiz incansable en la escuela del DAR = DARSE. Ser capaz de renuncia, de sacrificio, por amor; ser capaz de hacer algo gratis por los demás. Hay muchas personas enfermas, en soledad, con problemas, que no nos piden dinero; nos piden tiempo, compañía, un gesto de amistad, una palabra de aliento, un poco de ternura y cercanía con sus sufrimientos. Existen muchas formas de compartir.
Hay muchas mujeres hoy en nuestra Iglesia que merecen nuestra alabanza y el reconocimiento de Jesús, como a la viuda. «Significa valorar la inmensa contribución que las mujeres, laicas y religiosas, han hecho y siguen haciendo a la vida de nuestras comunidades» (Francisco). Con su bondad, nos estimulan para cambiar la tendencia: frente a tanto egoísmo y vanidad, la fuerza del amor a Dios y la generosidad.//Como san Martín, en su fiesta del día 11, lleno de Dios, partiendo su capa con aquel pobre que le salió al encuentro. Compartir lo necesario. «Los santos son la victoria del amor sobre el egoísmo y la muerte» (Benedicto XVI). Hay más alegría en dar que en recibir (Hch 20,35).
