DOMINGO 2º TO – 2016

DOMINGO 2º TO/C

        Jesús comienza su vida pública en una boda. Le gusta meterse en la familia. En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos. Dios, que se nos revela en Jesús, es un esposo enamorado. La alegría de Dios consiste en amarnos, nos ha dicho Isaias (1ª lect.).

        Jesús trae un vino nuevo, símbolo del amor y de la alegría. Con Él , ha llegado el tiempo anunciado de las bodas de Dios con su pueblo. Y es Ella, la nueva Eva, María, quien nos presenta a Cristo en su misión. La boda de Caná es signo de las bodas de la sangre de Cristo, el verdadero Esposo. La “hora” señalada por Jesús es la hora de su pasión y muerte.

        En Jesús se manifiesta la gloria de Dios. Y sus discípulos creen en El (Evang.). HOY también, Jesús nos regala el vino generoso de su Espíritu y nos invita al banquete de su amistad.  Nuestra vida aparece a veces como un vino aguado por la rutina y por la falta de ilusión, por el conformismo, la comodidad, o las miras egoístas. Otras veces por las dificultades y problemas. La presencia de Jesucristo transforma el agua de nuestras viejas tinajas de piedra en el mejor vino.

        Como los discípulos “creyeron en Él”, también a nosotros se nos invita a creer, a crecer en la amistad y confianza en Cristo. Como María suplicó a su Hijo a favor de los comensales de la boda, así también ahora intercede por nosotros para que nos invada el gozo y la alegría de vivir con Jesús.

        Entre los cristianos han quedado muy grabadas las dos frases de María:

        – «Haced lo que él os diga». Un buen consejo para todos, sencillo. Difícil.

        – «No les queda vino». Es la frase que la Madre dirige al Hijo. En los matrimonios puede ocurrir lo mismo que en Caná. Se comienza con el entusiasmo primero: generosidad, entrega, sacrificio, buena comunicación, detalles, amor. Con el pasar del tiempo el vino se acaba y llega a faltar. Sobre la familia va calando como una especie de nube gris, de incomunicación, hasta de  aburrimiento: «¡No les queda vino!».

        Este evangelio marca a los matrimonios y a las familias un camino para no caer en esa situación o para salir de ella, si ya se está dentro: ¡invitar a Jesús a la propia boda! ¡Hacer a Jesús un «amigo de la familia»! Si El está presente, se le puede pedir que repita el milagro. Que transforme el agua de la rutina, de la frialdad, de la incomunicación… en el vino de un amor y de una alegría mejor que los iniciales, como en Caná. !Volver al primer amor!

        “Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana” (Papa Francisco).Todos, casados o no, dejemos a la Virgen que actúe de Madre, como en las Bodas de Caná: que nos haga caer en la cuenta de «lo que nos falta», -quizás también lo que nos sobra: (si tenemos las tinajas llenas, Jesús no nos las puede llenar)-. Lo que nos falta para ser felices, para agradar a Dios, para ser santos. Lo que nos falta para hacer de cada familia, una comunidad íntima de vida y amor” (Vat.II).