Comentario Domingo 5º TO.

 

San Lucas nos presenta la vocación de los primeros apóstoles junto a la pesca milagrosa. Ante el compromiso radical que les aguarda, Cristo les ofrece un signo poderoso. Simón Pedro ya destaca como protagonista y lider en el grupo. Cristo le llama «pescador de hombres». Ese será su ministerio: Una misión que exige adhesión profunda a Jesús y conlleva la llamada a la conversión. La vocación es obra de Dios. Cada persona no es autora de su propia vocación, sino que da respuesta a la propuesta divina; la debilidad humana no debe causar miedo si Dios llama.

 

«Sin mí no podéis». La confianza en Jesús y en la gracia del Espíritu Santo es la mejor medicina contra el desánimo, la rutina y el cansancio. Sin Jesús las redes estarán vacías; con Jesús, la pesca será milagrosa.

 

Isaias, Pablo, Pedro no eran dignos. Dios cuando llama capacita para la tarea, hace dignos. No llama a los más grandes según los esquemas humanos, sino que se sirve de personas abiertas al encargo de Dios aunque se sepan débiles.  Pedro no se fía de sí mismo, de su experiencia de pescador. Se  apoya en Jesús: «Por tu Palabra echaré las redes». Se fió de Jesús. Se trata de dejar nuestra autosuficiencia y marchar confiados tras las huellas de Jesús.

 

«Señor apártate de mí que soy un hombre pecador»: No hay seguimiento sin conversión y sin compromiso serio con la Persona de Jesús, compartiendo su misión -discípulos misioneros-. Necesitamos  coherencia en nuestra vida de cada día, que las obras transparenten  al Dios en quien creemos, sin avergonzarnos de ser cristianos, sin disimular los principios, los criterios, las virtudes que  brotan de nuestra fe. El apóstol del Evangelio jamás debe desanimarse al anuncio a Cristo a todos los hombres.

 

«Y dejándolo  todo»: dejarlo todo, distanciarse totalmente del pasado; una entrega generosa, valiente, incondicional. Se sentían profundamente atraídos, seducidos por Jesús. Pedro queda sobrecogido: «el estupor».

 

«Rema mar adentro», «echad vuestras redes»: También para nosotros hoy son estas palabras del Evangelio.  No vale «pescar en la pecera», haciendo lo fácil, lo cómodo, lo de siempre. Estamos llamados a esforzarnos más, a sacrificarnos màs, a arriesgarnos más, porque tenemos que remar mar adentro y buscar nuevos caminos para la evangelización. La «alegría del Evangelio» tiene que llegar a todos: a muchos bautizados que ya no vienen, a las familias, a este mundo que se desmorona porque le falta lo esencial. ¿Me preocupa realmente la evangelización, con todas las consecuencias?

 

«En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención… Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (Bula Año Santo, n.15).