Cuaresma dom. 1º C

 

Con la celebración del miércoles de Ceniza, hemos entrado en la Cuaresma, un tiempo intenso de preparación para celebrar y vivir el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. «Cristo es el rostro de la Misericordia del Padre» (MV 1). Reflexionar, rezar y hacer vida los Evangelios cuaresmales es una invitación a la conversión, a la confianza en la Misericordia y al cambio de vida; para re-orientarnos hacia Dios y rechazar el orgullo y el egoísmo para vivir en el amor. Con más oración: adoración, lectura de la Palabra, Eucaristía; con el ayuno: austeridad y dominio de sí;  y la limosna que se traduce en solidaridad; compartir lo que tenemos y también lo que somos (cualidades, talentos, tiempo).Hoy es la colecta contra el Hambre.

 

El Evangelio del primer Domingo nos recuerda siempre las tentaciones de Jesús en el desierto. La primera tentación que Satanás plantea a Jesús tiene que ver con la necesidad material. Su respuesta es contundente: «No sólo de pan vive el hombre». Después viene el engaño del poder que Jesús desenmascara y rechaza: «Al Señor, tu Dios, adorarás…».Adorar no al poder sino sólo a Dios, a la verdad, al amor. Por último el tentador propone a Jesús que realice un milagro espectacular; instrumentalizar a Dios para los propios intereses. La respuesta de Jesús es que no hay que tentar a Dios.

 

La victoria de Cristo sobre las tentaciones es un ejemplo para quienes nos vemos tentados. El vence por medio de la Palabra de Dios, que Satanás deforma. Este evangelio nos ayuda a pensar en  nuestras tentaciones: directas unas; más sutiles y peligrosas otras: Ese modo de vivir de nuestro ambiente que, nos va calando como la humedad o la niebla; ese estilo de vida pagano, aunque conserve algunas formas cristianas, que cada uno justificamos, y que va minando nuestro seguimiento de Cristo. Cristo nos ayuda a descartar las trampas del materialismo, el consumismo, el poder, la gloria y los honores … Cristo vino al mundo para librarnos del pecado y de la fascinación ambigua de programar nuestra vida prescindiendo de Dios.

 

Nos convertimos al Dios de Jesucristo. Dios nos primerea en el amor. El es el Mesías del amor hasta la muerte en Cruz. «Dejémonos sorprender por Dios que nunca se cansa de destrabar su corazón» (MV 25). Miremos y contemplemos el Corazón de Cristo traspasado. Cuando nos reconciliamos con Dios se regeneran todas las demás relaciones fundamentales de la vida. Veamos a Dios en todo y todo en Dios.

Atentos al Papa en la Cuaresma de la Misericordia. «La Misericordia es la viga maestra de la Iglesia». Disfruta del gozo del perdón de Dios, una fuerza que resucita y da valor. Vive  las actitudes del Buen Samaritano. Colabora para que la Iglesia sea «casa de Misericordia y hospital de campaña». En su Mensaje Cuaresmal de esta Año Jubilar nos dice: «La Misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia…, animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama «las obras de misericordia» corporales y espirituales… No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión».