DOMINGO 4º DE CUARESMA/C. 6-III-16

 

Año de la Misericordia.Novena de la Gracia: San Fco. Javier, modelo, intercesor y estímulo para nuestra conversión cuaresmal.

 

La parábola del amor misericordioso de Dios -el hijo pródigo- es una joya teológica, literaria y espiritual, una página reconfortante: Tenemos un Dios Padre Misericordioso. Cristo es  «el rostro de la misericordia de Dios». En esta parábola quedan retratadas las miserias humanas y el corazón de Dios;

 

– La figura del PADRE ocupa el  lugar central. Le toca sufrir por los dos hijos. Refleja el corazón de Dios, un Padre que ama con locura, que respeta siempre nuestra libertad, que nos espera y sale a nuestro encuentro, y nos acoge, perdona, abraza y hace fiesta. Lo hace con cada uno de nosotros si regresamos a la casa paterna. El padre «vio» y se «conmovió»; y salió corriendo a abrazar a su hijo: solo le importa su hijo, que no siga muerto, que no viva perdido: «Este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado». Sólo quiere nuestro bien y nuestra alegría.

 

– El hijo MENOR, el pródigo. Un corazón vacío e insatisfecho. Se degrada por el camino del mal.  Un malestar continuo porque al corazón nunca lo llenan «las cosas»; sólo lo colman «las personas». Huye de su padre, de sus consejos; huye de pensar en los demás. –«Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto (insatisfecho) hasta que descanse en Ti»–. Ni una palabra de gratitud al padre. Los padres de familia entendéis bien esta imagen, con las preocupaciones y alegrías que ocasionan los hijos. Al hijo pródigo, lo único que le interesa es la herencia, no los consejos, los principios, los afectos del padre. Se acuerda de ser hijo sólo para reivindicar su derecho a la herencia. Candado de todo  solo quiere la libertad, pero se equivoca de camino. Terminado el dinero, se acabaron los amigos. Reflexiona y recapacita. Se arrepiente y, convertido, regresa a la casa del Padre, al abrazo, al banquete y a la fiesta del amor. A partir del instante en el que se dice: «he pecado» ,»sí me levantaré», ya es una persona nueva.

 

  • En la parte más sombría aparece la figura del hermano MAYOR.  Aparentemente bueno, pero es duro y no perdona. Cumple, pero no ama. Teme. Se considera justo y, en su amargura, con derecho a juzgar, condenar, despreciar al hermano. Bajo la apariencia de fidelidad se deja ver el egoísmo y la envicia.Es un «quedabien». No se alegró con la vuelta del hermano y se resiste a entrar a la fiesta.

Esta es la historia de Dios con cada uno de nosotros. Una bella historia de amor. Resulta difícil reconocer el amor de Dios y acoger la Misericordia. El perdón lo desborda todo.Confianza. «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Salmo). Jesús nos invita a mirar  nuestra conciencia, nuestro interior: ¿En cuál de las tres figuras nos vemos reflejados?¿Ante Dios, nos sentimos con derecho a exigir toda clase de bienes que luego malgastamos?¿Juzgamos, despreciamos a los demás y nos creemos superiores y autosuficientes?. El hermano mayor refleja la actitud dura, inmisericorde de algunos creyentes. ¿ Mi corazón es abierto, comprensivo, generoso?¿Tengo vocación de reconciliación, de acogida, como Dios la tiene conmigo? ¿Soy reconciliador? «Misericordiosos como el Padre».

 

El sacramento del Perdón es el regalo de Pascua de Jesús. Todavía olemos a pecado y Dios corre y nos besa y nos abraza, aun antes de que la Iglesia, por su ministro, nos dé y regale la absolución.Esta semana, céntrate en el perdón, en ese que nace del corazón y es sincero.