DOMINGO DE RAMOS 20-III-16
Acompañemos de cerca a Jesús al entrar con Él en Jerusalén, no nos quedemos en la puerta, La Liturgia invita a salir a la calle y, ejercitando el derecho a la libertad religiosa, manifestar nuestra fe, aclamando a Cristo, con ramos y palmas, en su entrada triunfal. Con su humildad y mansedumbre quiere conquistar nuestros corazones. El es la Misericordia que salva.
Miramos a Cristo, Siervo sufriente (Isaías). La Pasión nos enfrenta a nuestra propia existencia: Si tu vida es un «NO» a Dios o a los demás, acude a la Cruz: Contemplando la Pasión y la Cruz vencemos lo que en nosotros se opone al amor.
«Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena de buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido» (Or. del Jubileo).
Jesús en la Institución de la Eucaristía declara su testamento.»He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros». Es el deseo de Jesús de estar junto a cada uno de nosotros, crear esa comunidad de amor y celebrar su amor hasta el extremo. Pan entregado y sangre derramada.
Pregúntate sobre tu amor al Señor. ¿Aceptas su instrucción? El más grande debe hacerse el más pequeño y servidor de todos. Quien gobierna debe ser el que sirve. El lavatorio de los pies (Jueves Santo) canta la primacía del amor y del servicio.
Jesús, que sufre sólo, murió amando. San Lucas nos dice que murió como había vivido, lleno de bondad, cercano a todos los que sufren, capaz de perdonar. Un Jesús compasivo y misericordioso al que tenemos que imitar. Al discípulo que le contempla colgado en la Cruz, le ofrece palabras y ejemplo de salvación: Leamos la Pasión para dejarnos mirar por su mirada, para dejarnos interpelar por sus silencios, arrastrar por su ejemplo, para venerar sus palabras en la Cruz:
– «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». Si tienes pendiente un perdón o una reconciliación vete a Jesús que perdonando en la Cruz estimula y anima a perdonar. El pecado daña la relación con Dios, con nosotros y con los demás.
– «Hoy estarás conmigo en el paraíso», la segunda palabra dirigida al «Buen ladrón». Le llega la gracia divina que sigue fluyendo después de la muerte de Jesús, como al centurión y a «la muchedumbre que se volvía dándose golpes de pecho». No podemos vivir lejos de Jesús; no podemos soportar estar sin Jesús.
– «Padre a tus manos encomiendo mi espíritu». Sólo san Lucas recoge la confianza total de Jesús en el Padre y en su Providencia. Necesitamos ser ayudados a vivir en esa confianza, sin miedo, sin abandonar. Confianza en la eficacia salvadora del Sacrificio de Cristo.
«Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús» (San Pablo), para entrar bien en la Semana Santa. Nos acogemos a su misericordia y nos comprometemos a llevar la cruz de tantos crucificados de la tierra. Jesús se identifica con todos los que sufren y se revela en ellos: Vivamos con Él las obras de misericordia. «Conmigo lo hicísteis» (Mt 25). ¿Qué servicio te comprometes a hacer por los demás: en casa, familia, vecinos?
