DOMINGO DE PASCUA. 27-III-16
El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo:»No está aquí. Ha resucitado». Esta es la culminación del Evangelio, la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza. La Escritura nos irá revelando el significado pleno de la Resurrección.
«El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte. No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza, que es precisamente este: Christós anesti. No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección».
Andemos en una vida nueva: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» (Lc 24, 5). También tú y yo, en nuestra vida de cada día, necesitamos que nos repitan:»¿Por qué estás buscando entre los muertos al que está vivo?» Porque buscamos la vida entre las cosas muertas, caducas; las cosas que pasan. Necesitamos salir de nuestras zonas de tristeza y abrirnos a los horizontes de la alegría y de la esperanza. Esa esperanza que remueve las piedras de los sepulcros y anima a anunciar la Buena Nueva, capaz de generar vida nueva. Escúchalo cuando te llega la tentación de cerrarte en tu egoísmo o autocomplacencia; o de dejarte seducir por los poderes y por las cosas de este mundo, olvidando a Dios y al prójimo, o cuando te puede el desánimo y la «resignación» ante el mal.
Pidamos a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias. Roguemos para que cesen las guerras y se restablezca una buena convivencia.Que la comunidad internacional no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria. Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes; a los enfermos y los que sufren; a cuantos están de luto, llegue la palabra consoladora y sanadora del Señor Jesús: La paz esté con vosotros (Cf. Papa Francisco).
Esta Pascua es para que nos dejemos tocar por el estupor del encuentro con Cristo vivo y resucitado, por la belleza y la fecundidad de su presencia. Resucitemos con Él y resucitemos las zonas muertas de nuestra vida.
«Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Es una fuerza imparable… La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la Resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia» «Vuelven a aparecer los brotes de la Resurrección». «El bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse, porque Jesús no ha resucitado en vano» (EG 276 y 278).
Cada uno de nosotros, sin miedos ni complejos, ha de ser TESTIGO de la Resurrección. Y debe «salir corriendo» como las mujeres de la Pascua, para dar la noticia. Pascua celebra y significa la urgencia de encontrarnos con el Señor Resucitado y la urgencia de darlo a conocer a los demás.
Con santa María, Madre de Misericordia.¡Feliz Pascua de Resurrección para todos, en la alegría de Cristo Resucitado!
