PASCUA, DOMINGO VI/C. 1-V-16. Día del Enfermo y de la Madre.

 

Mes de mayo, mes de las flores. La primavera avanza floreciendo, mejora el clima. Siempre es tiempo de Pascua, de aleluyas, de la resurrección de Cristo y de la fe pascual. Tiempo de espera del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés. Mes de la Virgen, la flor más hermosa de la creación. Día de la madre.

 

» El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará,  y vendremos a él y haremos morada en él». El amor y la fe propios del cristiano tienen su origen en la Trinidad. Jesús habla del Padre y anuncia la venida del Espíritu Santo. Amar es darse. Amar con el amor con que Jesús ama, amor vivido en la relación con el Padre. Nuestra conducta fraternal prolonga lo que se vive en la Trinidad.

 

La proximidad de Pentecostés y la promesa de Jesús nos remiten a la importancia del Espíritu  Santo en la vida del cristiano. Es nuestro «maestro interior» y necesitamos que nos ilumine, haga atractiva la Palabra y nos dé fuerza para cumplirla.  Amar a Cristo es volver al Evangelio, vivir según el Evangelio. Sin el Espíritu, el Evangelio se queda en letra muerta.

 

Su misión se expresa con dos verbos: enseñar y recordar. Comprender en profundidad la Palabra de Jesús –asimilación interior- . Enseñar es el verbo de la fe: el Espíritu Santo enseñará la verdad plena, la fuerza y riqueza de la Palabra de Dios. La raíz de nuestro proceder está en el Evangelio, en las palabras de Jesús. Ser fieles a este amor del Padre supone esfuerzo, lucha, empeño. Para no traicionar nunca el «amor primero» y ser coherentes en el seguimiento de Jesús.

 

Se despide Jesús dejando el don de la paz, un bien mesiánico: «Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde». El Paráclito será nuestro «defensor», nos ayudará a vivir y a convivir en la paz; en el aguante, el ánimo y la fortaleza.

 

«Y haremos morada en él», porque el amor siempre busca cercanía, intimidad, unión. Dios no nos ama a distancia: quiere vivir en nosotros, con nosotros, llenarnos con su presencia, inundarnos con su amor.  Dios como huésped interior. Hemos sido rescatados del pecado para vivir gozando de su Providencia.

 

+ Pascua del Enfermo: En la vida, en el dolor, ante las cruces… no estamos SOLOS. Podemos contar siempre con Jesús. «Para nuestros seres queridos que sufren debido a la enfermedad pedimos en primer lugar la salud. Y también la paz y la serenidad de la vida que parten del corazón y que es don de Dios… Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Los «sirvientes», esos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho…Obedecen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde; se fían de la Madre, y de inmediato hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestras fatigas y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el vino más bueno.

 

A los enfermos y a todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, deseo que sean animados por el espíritu de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» y llevarla impregnada en nuestros corazones y en nuestros gestos» (Mensaje del Papa).

 

+ DÍA DE LA MADRE: Buena ocasión para seguir demostrando el amor, la ternura, los detalles, la alegría, la oración y la gratitud.